Garcés llama a Barcelona rebelarse contra los planes de Rajoy y Puigdemont

El pregón de la Mercè recuerda los atentados del 17-A y reflexiona sobre la tensión política actual

El momento excepcional que vive Barcelona necesitaba una pregonera como Marina Garcés, filósofa, que la invitara a bajarse del tren para pensar
El momento excepcional que vive Barcelona necesitaba una pregonera como Marina Garcés, filósofa, que la invitara a bajarse del tren para pensar

Garcés recordó a los muertos del 17 de agosto, pero también a los muertos que el terrorismo causa en Irak y Yemen cada día o, más cerca, en Londres o París. Así como los que «han quedado heridos para siempre con las muertes de los muertos».

¡Eh, barceloneses, turistas, inmigrantes con papeles y sin papeles, que las fiestas de la Mercè ya están aquí! Han sido tantas las cosas excepcionales que ha vivido y vive la ciudad desde el pasado 17 de agosto, que las fiestas han llegado de repente, sin avisar, y su gente corría el riesgo de perdérselas. Barcelona ha llorado y sufrido con los atentados yihadistas, el mismo año que recordaba los 30 años de la bomba de Hipercor que mató a 21 personas. Y ahora respira un ambiente enrarecido por culpa del choque institucional entre los gobiernos de Cataluña y España. Pero los barceloneses se merecen reír, olvidar horrores, aparcar desavenencias, bailar y, por qué no, ser felices. Porque pese a todo, la ciudad está de fiesta y esto sólo sucede una vez al año. «Y si la Navidad es momento de volver a casa, las fiestas mayores, en nuestro país, son el momento de volver a la plaza y a las calles para poner al día nuestras vidas y saber que se ha hecho de cada uno de nosotros». La reflexión es de Marina Garcés, la pregonera de la Mercè 2017.

Este año, complejo y delicado, en un momento en que los acontecimientos se suceden tan deprisa que el 17 de agosto queda ya lejano y que la filosofía ha dejado de ser una asignatura obligatoria en Bachillerato, a Barcelona le iba bien tener una filósofa como pregonera. Una mujer como Garcés que le hiciera bajarse del tren para respirar, cuestionarse si quiere ser Venecia o la capital de una república catalana que no ha nacido, reflexionar que «con cada vida segada, con cada bolardo y con cada control policial, la ciudad es menos ciudad», y plantear preguntas incómodas como «¿de todo lo que vivo, qué es lo que realmente me importa?».

Garcés recordó a los muertos del 17 de agosto, pero también a los muertos que el terrorismo causa en Irak y Yemen cada día o, más cerca, en Londres o París. Así como los que «han quedado heridos para siempre con las muertes de los muertos» y emplazó a los barceloneses a «mirarnos a los ojos para romper con la indiferencia que normalmente nos separa y la hostilidad que cada vez nos enfrenta más a menudo».

Y hablando de hostilidades, esta barcelonesa que trabaja en Zaragoza declaró su alergia a los nacionalismos, pero aplaudió el espíritu antiautoritario de la Barcelona que se insubordina y se organiza contra la prohibición de poder ejercer el derecho de los catalanes a la autodeterminación. Reivindicó que la gente de la península no será nunca su enemiga, que los mapas de los estados son el resultado de una geografía de guerra y llamó a los estibadores, estudiantes, detenidos e imputados por el 1-O que «no se trata de votar, sino de cuestionar las bases y las condiciones de nuestra convivencia, no sólo nacional, también política y social». Llamó a transformar la política, a imaginar el futuro, tras recordar con orgullo que «a Barcelona, en general, no le gusta que la manden», y reprender a los políticos que la ciudad no es su juguete.

La alcaldesa Ada Colau, que también es filósofa, aunque le queden un par de asignaturas para terminar la carrera, agradeció a Garcés que planteara preguntas incómodas y reivindicó la filosofía el pensamiento crítico y el diálogo. Sí, el diálogo, de esta manera se defendió de los soberanistas que la llaman cobarde y de los constitucionalistas más inmobilistas que critican su «calculada ambigüedad». Reivindicó que pese a presentarse como una opción cobarde, para dialogar «se ha de ser valiente». Fue un claro llamamiento a Rajoy y a Puigdemont a sentarse a hablar.

Democracia

«No es una Mercè cualquiera», decía Colau , antes de que Garcés, arrancara su discurso, «es excepcional porque sucede en tiempos excepcionales». Explicó que el gobierno municipal ha colgado una pancarta con la palabra democracia en la fachada del Ayuntamiento de Barcelona en protesta de la actuación judicial contra lo que considera una «amenaza a las instituciones, empresas, entidades sociales y directores de colegio» por defender el 1-O. Al grupo municipal del PP, estas palabras le pareció un discurso alineado con Puigdemont. Pero la alcaldesa insistió en no judicializar un debate político que se debería resolver por la vía del diálogo.

En un año difícil para Barcelona llamó a defender y luchar por la democracia, pero sobre todo a respetar todas las ideas. Así es Barcelona, plural.