Elecciones catalanas

La gestión de la investidura se salda con el distanciamiento total entre JxCat y ERC

Los republicanos, que no quieren ni oír hablar de nuevas elecciones, buscan convocar el pleno cuanto antes para evitar un «accidente» y que el independentismo no sume los votos necesarios

El presidente del Parlament, Roger Torrent, ayer durante la recepción al cuerpo consular de Barcelona con motivo del día de Europa celebrado en la Cámara catalana / Efe
El presidente del Parlament, Roger Torrent, ayer durante la recepción al cuerpo consular de Barcelona con motivo del día de Europa celebrado en la Cámara catalana / Efelarazon

Los republicanos, que no quieren ni oír hablar de nuevas elecciones, buscan convocar el pleno cuanto antes para evitar un «accidente» y que el independentismo no sume los votos necesarios. Puigdemont ultima el nombre de su sucesor.

La amarga resaca postelectoral y los vaivenes de la investidura han provocado el distanciamiento definitivo entre Esquerra y Junts per Catalunya, dos formaciones antagónicas obligadas a entenderse desde el volantazo soberanista de Artur Mas con la extinta Convergència. Los 12.000 votos de diferencia entre neoconvergentes y republicanos en las elecciones del pasado 21 de diciembre –traducidos en 34 escaños para la lista del expresidente y 32 para ERC– fueron determinantes para ceder la batuta de la presidencia al entorno de Puigdemont, decidido a exprimir su figura hasta el final.

Un extremo que ha perjudicado a Esquerra, que no quiere ni oír hablar de nuevas elecciones. El último capítulo será la inminente «investidura exprés» de un candidato alternativo, que ERC ha forzado para evitar un «accidente» en el debate. Es decir, que el independentismo llegue a perder la votación en segunda vuelta, donde necesita sólo más «síes» (66, entre JxCat y ERC) que «noes» (65 del resto de la oposición, contando con las cuatro abstenciones de la CUP).

La maniobra podría producirse si el miércoles la justicia belga decide levantar la euroorden de extradición que pesa sobre Toni Comín y, por tanto, pierde todos los motivos para mantener su voto delegado. De ser así, empezaría una carrera a contrarreloj para formalizar la renuncia de Comín y tramitar la credencial y el acta de diputado de su sustituto con el fin de retener en segunda vuelta la mayoría simple que requiere la investidura del president de la Generalitat.

Por ello, desde ERC urgen a convocar ya el pleno y así evitar alargarlo hasta mediados de la próxima semana, algo que podría ser perjudicial para sus propios intereses. «Cada día que pasa existe más riesgo», comparten desde el bando republicano. No obstante, todo está en manos de Puigdemont, el único con potestad para nombrar a su sucesor. Será «la persona que designe» el líder de Junts per Catalunya, asumió ayer el líder republicano en el Congreso, Joan Tardà. Un anuncio que llegará en las próximas horas –como muy tarde mañana– y que podría llevar al presidente del Parlament, Roger Torrent (ERC), a acelerar una ronda de consultas vía telefónica con todos los grupos.

De hecho, en el seno de ERC tuercen el gesto cuando oyen hablar de nuevas elecciones. Es más, creen que Junts per Catalunya busca debilitarles ante la opinión pública por presionar a a Puigdemont, pedirle que renuncie a su candidatura y que busque un candidato «efectivo» para la presidencia de la Generalitat.

El encarcelamiento de Oriol Junqueras, la huida de Marta Rovira y la función de verso libre que ejerce Torrent han debilitado a la formación republicana, que teme que Puigdemont se presente como «víctima» del Estado y del propio independentismo en caso de repetirse las elecciones.

Desde ERC, además, asumen la necesidad de ampliar la base de apoyo social con el control de los medios de comunicación públicos (TV3 y Catalunya Ràdio) y de la educación, dos pilares que los republicanos quieren asegurarse en la formación del próximo gobierno.