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Otra luz sobre Auschwitz

El historiador Florent Brayand propone una nueva lectura del Holocausto promovido por los nazis

  • Florent Brayand fotografiado haces unos días en Barcelona
    Florent Brayand fotografiado haces unos días en Barcelona
Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

11 de marzo de 2019. 17:14h

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Víctor Fernández.  Barcelona. 11/3/2019

El francés Florent Brayard lleva años estudiando el Holocausto. Sus investigaciones han logrado el aplauso de nombres de peso como Ian Kershaw, pero también ha sido objeto de no pocos debates y polémicas. Eso mismo es lo que ha pasado con su último y controvertido libro. Se trata de «Auschwitz: Investigación sobre un complot nazi» y que acaba de publicar Arpa Editorial. Brayard, a partir del estudio de la documentación original de los jerarcas del régimen de Hitler, determina que el asesinato de seis millones de judíos fue llevado a cabo de una manera escalonada, siempre guardando el secretismo. A ello se le suma que los nazis diferenciaron en su maquinaria para matar entre los judíos occidentales y los judíos procedentes del este de Europa.

Brayard estuvo hace unos días en Barcelona donde habló de su libro y el mucho ruido que ha generado, especialmente en Francia. El historiador se defiende admitiendo que lo sí quiere es abrir un debate de lo que él entiende como la realidad respecto a aquellos oscuros acontecimientos. Niega que se haya explicado mal el Holocausto, pero matiza que lo que quiere es corregir algunos de los errores que se han cometido hasta la fecha al tratar de reflejar los hechos. «Lo que he querido es escribir un correctivo aportado a una dimensión muy restringida sobre lo que fue la “solución final” aplicada a los judíos. Podemos considerar que la manera como se ha contado el asesinato de los judíos por mis predecesores tomaba en cuenta que el conjunto del aparato del Estado estaba al tanto de esa “solución final”. En realidad el procedimiento se basó en la ocultación de esa “solución final”. El aparato del Estado poensaba que los judíos alemanes y del Oeste eran deportados al Este para ser introducidos en guetos. Para los judíos del Este, polacos y soviéticos el relato no cambia porque ellos significan el grueso del Holocausto y, en su caso, su destino era perfectamente conocido y divulgado. Por eso, mi libro es correctivo parcial a la bibliografía que ha tenido lugar hasta la fecha», dice Bayard.

Eso hace que surja la duda sobre quién estaba al tanto de la puesta en marcha de ese exterminio. ¿Hitler? ¿Himmler? ¿Goebbels? ¿Qué sabían de lo que pasaba en los campos de concentración? Brayard responde que «he escogido poner Auschwitz en la portada de mi libro porque representa la fase última de un proceso según el cual los judíos de Europa debían ser sistemáticamente eliminados mediante asesinato. Treblinka, en cambio, es un campo concebido para la eliminación de los polacos en una dimensión extrema, pero objeto de un secreto menos importante y del que estaba al tanto la mayoría del aparato del Estado». El historiador consultó los diarios personales de Goebbels, el temido ministro para la Ilustración Pública y Propaganda de Hitler, y fue allí donde descubrió que «estaba al corriente, por ejemplo, de la apertura del campo de Belzec, unos días después de su puesta en marcha. Goebbels, además, habla con altos responsables nazis que le informan del asesinato de los judíos polacos y soviéticos a manos de la Einsatzgruppen que llevaba a cabo esas labores de exterminio. Pero,en lo referente a los judíos alemanes, durante mucho tiempo él piensa que son deportados al Este e integrados en los guetos, pero no asesinados.

En esta línea, Brayard comenta que en su estudio trata de «la constitución de un grupo restringido y secreto del que formaban parte Hitler, Himmler, Heydrich y el aparato de seguridad del Estado. Incluso estarán al tanto una parte de la administración civil para la que era necesaria saber de esta información para llevar a cabo todas estas operaciones». También estaban al tanto el ministro de Armamento y Guerra, Albert Speer «necesitaba saber si la mano de obra judía en particular seguía disponible para la industria armamentística»; o Hermann Göring.

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