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«Todo lo que hicimos en “Breaking Bad” nació en “Expediente X”»

Vince Gilligan visita el festival Serielizados defendiendo la ficción televisiva por encima del cine.

Vince Gilligan ayer en Barcelona.
Vince Gilligan ayer en Barcelona.larazon

Vince Gilligan visita el festival Serielizados defendiendo la ficción televisiva por encima del cine.

Cuando Vince Gilligan era un joven guionista de «Expediente X», la célebre serie de Chris Carter sobre las aventuras paranormales de los agentes Mulder y Scully, vivía por y para la ficción. Estuvo durente siete años, de 1995 a 2002, y muchos días se quedaba hasta las cuatro de la madrugada en los estudios intentando acabar un guión. «Con una temporada de 26 episodios, no tenías otro remedia», señala. Su obsesión llegaba a tal extremo, que incluso sentía que Mulder y Scully le hablaban en su cabeza. «Parece que sea un esquizofrénico, pero era lo mejor porque significaba que yo no era más que un transcriptor de sus diálogos, que yo no hacía hablar a los personajes como yo quería, sino que había conseguido que tuviese entidad propia y hablaban por sí mismos», asegura Gilligan.

Eran otros tiempos, por supuesto, y puede que le robase la juventud, pero allí lo aprendió todo del oficio de la televisión. Cuando unos años después ofrecía a Sony y la cadena AMC la idea detrás de «Breaking Bad», tenía muy claro donde ir. «No hay nada que hiciésemos en “Breaking Bad” que no hiciésemos antes o no aprendíésemos en “Expediente X”. Fue una escuela absoluta. De allí recogimos la idea de empezar cada capítulo con un teaser o la división estructural en cuatro actos marcados por la publicidad», afirma.

Lo que sí que quería hacer diferente cuando las historias de Mulder y Scully echaron el cierre era empezar una historia secuencial, abandonando el formato de episodios independientes que dominaba la ficción televisiva de aquellos años. «Las cadenas te aseguraban que el espectador medio solía ver 1 episodio de cada 4 de una serie, así que lo mejor era que cada uno estuviese cerrado en sí mismo. Por suerte empezamos la serie cuando las nuevas tecnologías cambiaron los modelos de consumo y esto nos posibilitó tener la libertad para llevar nuestra idea de historia continuaba con éxito», recuerda Gilligan al que ya queda muy lejos ese 2005, el año en que el mundo conoció por primera vez a Walter White.

La inspiración central de la serie fue, por tanto, mostrar como cada acción, por pequeña que sea, de un personaje tiene consecuencias, no sólo en sí mismo, sino en todo aquel que le rodea, una idea imposible de hacer en una serie episódica. «Recuerdo que en uno de los episodios de la tercera temporada de “Expediente X”, Mulder mataba a un hombre que le había atacado en su casa. Si a mí me pasase algo así, no sería el mismo al día siguiente, el hecho me afectaría de forma permanente. Sin embargo, en el siguiente episodio, no se hacía ninguna referencia a ese hecho, como si no hubiese ocurrido. Cuando me plantee la idea de “Breaking Bad” quería mostrar cómo todos nuestros actos tienen consecuencias», señala.

La serie protagonizada por Bryan Cranston como Walter White es considerada hoy con unanimidad una de las diez mejores series de todos los tiempos. Muchos de sus hechos característicos, sin embargo, fueron fruto del azar. «Todo el mundo habla de lo acertado que fue situar la serie en Nuevo México, en Alburquerque, cerca de la frontera con México. Eso le daba un aire de western crepuscular muy simbólico y emocional. Hasta se llegó a decir que era otro de los protagonistas de la historia. Y lo fue, pero lo cierto es que en realidad yo situé la acción en Los Ángeles porque vivía allí y no quería ir a otro lado a rodar. Fue la cadena quien nos preguntó qué nos parecía rodar en Alburquerque. Las ventajas fiscales de rodar allí harían ahorrar mucho dinero a la producción, me dijeron, lo que podía reinvertir en los episodios, así que acepté», reconoce.

El éxito de la serie convirtió el episodio final en una pesadilla que le quitó muchas horas de sueño. Sin que sirva de precedente, consiguió lo que no consiguieron «Los sopranos», «Mash», «Seinfield» o «Perdidos» ni cualquiera de las grandes series de la historia, satisfacer a todos los fans. «Al principio pensamos en cómo podíamos sorprender al público, pero pronto nos dimos cuenta que eso era una tontería, que lo que teníamos que hacer era satisfacer las expectativas que nosotros mismos habíamos creado desde el principio. Walter White tenía que morir y tenía que hacerlo a lo grande, con una sensación de realización. No fue fácil. Por un momento mi idea es que White sobreviviera y que todos los demás murieran. Que su propia familia muriese asesinada indirectamente por sus actos . “Qué irónico, qué artístico, será espectacular”, pensé, pero por suerte mis escritores me bajaron del burro preguntándome si me había vuelto loco», confiesa Gilligan.

Un espectro mayor

Entre sus episodios favoritos de la serie está «Ozymandias», de la última temporada, o cuando Walter White deja morir por omisión de socorro a la novia de Jessie Pinkman, su socio en el negocio de la metaanfetamina. «Cranston le impresionó tanto esa escena, pensando en su propia hija de 14 años, que acabó llorando y muy agitado. La verdad es que mi única discusión con AMC, nuestra cadena, surgió por esta escena, que les parecía demasiado fuerte. Yo, en realidad, había pensado primero en que era el propio White quien le daba el pico de heroína que le provocaba la sobredosis, pero lo que filmamos era mucho mejor», reconoce.

Gilligan está ahora enfrascado en la quinta temporada de «Better call Saul». «Quizá algún día vuelva a hacer cine, pero para mí la televisión te da una paleta emocional mucho más variada y rica. Si vas a un rodaje no podrás decirme si es de una película o una serie. La calidad es la misma».