Infraestructuras

Calle Galileo: el «experimento verde» que acabó en chapuza

El proyecto para peatonalizarla se quedó en el olvido. Un año después, los vecinos exigen soluciones.

El pasado año, el Ayuntamiento dio marcha atrás y permitió de nuevo la circulación de vehículos
El pasado año, el Ayuntamiento dio marcha atrás y permitió de nuevo la circulación de vehículoslarazon

El proyecto para peatonalizarla se quedó en el olvido. Un año después, los vecinos exigen soluciones.

Les prometieron inversiones de cientos de miles de euros en la zona. Les prometieron zonas verdes. Les prometieron reducir de forma drástica la contaminación ambiental. ¿El resultado a un año vista? 40 metros de calle que aún muchos se preguntan si son peatonales o abiertas al tráfico, debido a que siguen pintados de amarillo; una limitación de velocidad que pocos saben que existe, con el riesgo añadido de que haya niños en los resquicios peatonales; cuatro bancos y ocho enormes macetas «importadas» de la Plaza del Conde del Valle de Suchil; un carril tan estrecho que no permite el paso de los bomberos; 40 plazas de aparcamiento eliminadas; alrededor de 28.000 euros de inversión... y la calidad del aire, la misma de siempre. Ayer se cumplió un año desde que el Ayuntamiento emprendió su «experimento verde» en la calle Galileo: el Plan Chamberí Zona 30. Nueve zonas del distrito reconvertidas en áreas casi residenciales. Concretamente, la experiencia piloto la protagonizó el tramo situado entre los cruces con las calles Rodríguez San Pedro y Fernando Garrido, que pasó a ser peatonal, incluyendo un carril-bici. En el mejor de los casos, puede tacharse el experimento como fallido.

Así lo denuncia la asociación de vecinos Chamberí Se Defiende, surgida, entre otros motivos, por esta decisión. Miembros del colectivo recuerdan a LA RAZÓN que, hace un año, «hubo un compromiso por parte del concejal Jorge Castaño: si en unas semanas los vecinos no lo veíamos con buenos ojos, lo revertirían. Y así seguimos». De hecho, meses después, el Ayuntamiento tuvo que rectificar y permitió de nuevo la circulación de vehículos por la presión vecinal. Eso sí: la «infraestructura» se mantuvo.

Los vecinos sumaron en su día 3.000 firmas y contactaron con PSOE, PP y Ciudadanos para que llevaran el asunto al Pleno del Ayuntamiento. Y ganaron. «El único grupo que no la aprobó fue Ahora Madrid. Pensábamos que ganando en Cibeles no iban a tener otra opción que revertirlo».

Pero todo sigue igual. A pesar, incluso, de que llevaron su propuesta al foro local de presupuestos participativos, siendo «la segunda más apoyada». En mayo, Chamberí Se Defiende se reunió con Manuela Carmena y Esther Gómez Morante, concejala presidenta del distrito de Chamberí. Se sentaron para encontrar una salida a este problema. Solicitaron la reversión total de la calle. O, por lo menos, que las actuales plazas en zona azul pasaran a ser verdes, para que los residentes pudieran aparcar. La respuesta de la alcaldesa fue que hablaría con José Manuel Calvo, delegado del Área de Gobierno de Desarrollo Urbano Sostenible «para encontrar una salida al problema». «Les hemos dirigido desde entonces varios correos y seguimos esperando», dicen los vecinos.

Y es que el colectivo todavía lucha por «recuperar la funcionalidad de la calle, retirar las macetas, disponer de una circulación normal, no sobre una calzada pintada con un zig-zag... Si no la reversión cien por cien, sí por lo menos tener una salida pactada», asegura el colectivo.

La sospecha de estos vecinos es que el «experimento Galileo» ha sido una maniobra de «cara a la galería», en la que se ha «buscado un enfrentamiento entre sectores ecologistas y nosotros, cuando también estamos comprometidos en mejorar la calidad del aire».

Para Pedro Corral, concejal del PP en Chamberí, este proyecto «ha retratado todas las falsedades del Gobierno de Carmena: se han estrellado todos sus eslóganes. Dice estar abierto a la participación ciudadana, pero rechaza 3.000 firmas de vecinos; hay un acuerdo entre todos los grupos políticos, pero no hace caso a los acuerdos plenarios». Así, el Consistorio «escogió la calle Galileo como bandera del medioambiente» creyendo que «salvaba al mundo». Y lo cierto es que, al final, sólo ha conseguido tener a 3.000 vecinos más en contra.