Teatro

Cervantes ya no es «cool», pero es eterno

La obra de teatro «La conquista de Jerusalén», atribuida a Cervantes, cobra vida en la sala Arapiles 16

Una escena de la obra
Una escena de la obra

La obra de teatro «La conquista de Jerusalén», atribuida a Cervantes, cobra vida en la sala Arapiles 16

Un universo de emociones, nueve actores y cuatro músicos. Así es la obra «La conquista de Jerusalén», una pieza teatral atribuida a Miguel de Cervantes, descubierta en 1990 por el hispanista italiano, Stefano Arata, en el fondo manuscrito de la Biblioteca del Palacio Real de Madrid. Papeles sueltos, entre las comedias variadas de copistas, sin firma por esta razón y, sin embargo, con los rasgos temáticos, estilísticos y métricos, así como los contrastes, característicos del escritor español más importante de todos los tiempos. En el prólogo de «Adjunta al Parnaso», Cervantes enumera sus creaciones teatrales entre las que no falta «Numancia», pero también menciona «La Jerusalén», la probable comedia «La conquista de Jerusalén por Godofre de Bullón» a título completo.

El director de esta obra, Juan Sanz, decidió llevarla a cabo después de 15 años en los que la conoció, la releyó y se convenció a sí mismo de que funcionaría, pues al margen de la autoría, contaba con todas las claves de una joya de la dramaturgia española. Una comedia a galope entre un renacimiento apaciguado y un manierismo voraz, donde «la mezcla y el enfrentamiento entre una cultura musulmana y otra cristiana entretejen la trama central de la obra», explica Sanz. Además, esta «comedia de caballerías no es pura, aunque tiene un espacio para la sonrisa también cuenta con pasiones enfrentadas, con un emotivo triángulo amoroso», continúa él mismo.

En una pequeña sala emerge una escenografía sorprendente, de la mano de Miguel Ángel Coso, acompañada de una música tan sutil como imprescindible, «es lo que te permite viajar», expresa satisfecho Sanz. Actores de la talla de Kiti Mánver o Juan Díaz se abandonan para interpretar papeles incluso alegóricos como pueden ser los personajes de «Trabajo», «Jerusalén» y «Esperanza», que el director guía a modo de «espejos del ser humano universales, una unión entre ideas abstractas y aquellos rasgos cotidianos que nos humanizan a todos, como el sufrimiento». También los actores entrenan sus capacidades polifacéticas, pues representan diferentes roles en muy poco tiempo. Este es el caso del actor Jacobo Muñoz quién además de ponerse en la piel de «Pedro el Ermitaño» tiene otros dos papeles: «a veces pasa desapercibido, pero además del trabajo previo personal, es cuando el compañero te mira como si fueras tu personaje cuando empiezas a serlo y puedes actuar», declara Muñoz y reconoce que se siente «afortunado y orgulloso» de poder escenificar una obra que nadie había llevado a un escenario antes, así como de ser parte de una compañía donde reina el «compañerismo y el buen ambiente». Coincide con el director en el fin que busca la obra: «transmitir una emoción intelectual», poder compartirla con el público y «hacer arte en pocos metros cuadrados». Sin olvidar «la preservación del castellano, la lengua de Cervantes», apunta Sanz. Con un tono amargo se lamenta de que en el IV Centenario de la muerte del autor, este no esté de moda y de que «falte el disfrute con la cultura, el interés por centrarse durante una hora y media en una obra sin mirar el móvil».

Mañana es la última oportunidad de asistir a «La conquista de Jerusalén» que acoge la Universidad Internacional de la Rioja (UNIR).

Dónde: Calle Arapiles, 16

Cuándo: hoy, 28 de mayo

Horario: 20:30 horas

Más información: http://escueladeactoresunir.com/sala-arapiles-16/la-conquista-de-jerusalen