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El número de personas que duerme en la calle se dispara

30 años de campaña contra el frío. El Ayuntamiento habilitará un centro sólo para mujeres sin techo. Piden que la estación de Metro de Atocha vuelva a abrirse a los indigentes en las noches más gélidas

La llegada del frío volverá a encontrar en las calles de Madrid a 650, de las 2.200 personas sin hogar, durmiendo a cielo raso, expuestas a las inclemencias climatológicas, como factor sobrevenido al que sufren habitualmente, que es el de la inseguridad. La Campaña Municipal Contra el Frío 2019-2020 será presentada en breve por el Ayuntamiento, con escasas novedades sobre la anterior, aunque se incorporará a la red asistencial un centro para mujeres. También, desde algunos sectores, se reclama que la estación de Metro de Atocha, que hasta 2004 se abría por las noches a los sin techo, vuelva a hacerlo, ya que un amplio porcentaje de estas personas no quieren ir a ningún albergue. El fenómeno de la mendicidad, en toda su extensión, crece en Madrid, donde hay auténticas mafias que extorsionan a los mendigos y hacen que ejerzan el limosneo acompañados de perros drogados.

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La Campaña Municipal Contra el Frío 2019-2020 va a tener pocas novedades respecto a la anterior, porque continúa el contrato en vigor para la prestación del servicio y al nuevo equipo del Ayuntamiento no le ha dado tiempo a introducir cambios y modificaciones, que se dejarán para la campaña de 2021. Eso sí, en la que se va a presentar en los próximos días, se incluirá, dentro de la red asistencial a los sin techo, un centro específico para mujeres.

La campaña ha cumplido ya 30 años y su objetivo principal es que las personas que pernoctan en la calle puedan acudir a un albergue, ya sea centro municipal o concertado, para que el frío no sea su peor enemigo, y algunos, como ha ocurrido en varias ocasiones, amanezcan sin vida por culpa de las bajas temperaturas. Además, el Samur Social seguirá prestando, in situ, ayuda con ropa de abrigo, mantas y comidas calientes a los que no quieran pasar la noche en un centro asistencial. La Campaña se desarrolla entre los meses de noviembre y abril, que es el periodo de mayor riesgo de bajas temperaturas nocturnas.

Durante la pasada Campaña, 2.020 personas pernoctaron en alojamientos municipales y 150 en centros de día; el 75 por ciento de ellas fueron hombres, con una edad media de 47 años; el 30,3 por ciento, de nacionalidad española, y el 69,7 por ciento extranjeras. El Ayuntamiento dispone de una red de establecimientos con 2053 plazas en lugares de acogida, centros de día y de emergencia. El nivel de ocupación fue del 95 por ciento. Si las circunstancias lo requieren, porque haya una gran demanda y se saturen los recursos disponibles, el Ayuntamiento concierta plazas en albergues privados, pensiones y hostales. Además, se ofrecen autobuses gratuitos de la EMT para trasladar a los sin techo hasta los centros de acogida, traslados que también efectúa el Samur Social.

A finales de los años noventa, y visto que los recursos no podían atender la totalidad de la demanda durante los meses más duros del invierno, se decidió que una de las bocas del Metro de la estación de Atocha permaneciera abierta por la noche para que los sin techo pudieran refugiarse en el subterráneo, en horario que iba de 10 de la noche a 8 de la mañana. Fueron muchas las personas que utilizaron este recurso, hasta que en 2004, siendo delegada de Servicios Sociales, Ana Botella, se decidió poner fin a esta experiencia, argumentando que la red municipal de prestaciones cubría todas las demandas.

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El 40 por ciento de las personas que pernoctan en la calle en Madrid, lo hacen en el distrito Centro. La Plaza Mayor sigue siendo el espacio monumental más frecuentado por las personas que durante el día viven en él y, por la noche, duermen en sus soportales, dejando un rastro de residuos de todo tipo, un fenómeno creciente, que necesita de soluciones sociales, pero que el nuevo equipo de gobierno municipal no ha sido capaz de resolver todavía.

En el gobierno municipal de los años setenta, hubo un delegado de Servicios que dijo: «Madrid es la universidad a la que vienen a “doctorarse” todos los mendigos de España». La frase no fue muy afortunada, pero sí que Madrid era la ciudad con más indigentes del país. Ha habido épocas de estabilización de este fenómeno, pero en los últimos años, y especialmente durante la crisis económica, el número de mendigos ha aumentado, concretamente en un 24 por ciento durante el mandato de Manuela Carmena. Una parte importante sobrevive de la recogida de cartones y residuos de los contenedores, pero la gran mayoría lo hace de la limosna. Paro y desarraigo familiar, son las causas principales que llevan a mendigar por las calles.

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El «rey» de los mendigos

A Serafín Fernández Lozano, de 59 años de edad, se le llevó, en 1992, una cirrosis asesina, cuando acababa de abandonar su «puesto de trabajo», en un semáforo de Gran Vía, donde ejercía la mendicidad desde hacía 13 años. Era conocido como el «rey» de los mendigos. Hacía 30 años que había abandonado su hogar familiar, dejando a una esposa y a cinco hijos. Dicen que el fracaso como empresario de hostelería le abocó a una salida desesperada. Desde La Coruña se vino a Madrid para trabajar en un garaje como vigilante. No consiguió su propósito y tuvo que echarse al proceloso mundo de la mendicidad, instalando su puesto en un semáforo, donde se hizo fuerte para que nadie se lo arrebatase porque, según él, era el semáforo más rentable de Madrid. Aprovechaba la parada de los vehículos para extender la mano implorando una limosna a los conductores. «No necesito decir nada; pongo la mano y me dan unas pesetas, porque ya todos me conocen, saben que soy el “rey” de los mendigos y sólo me falta agradecerles su generosidad firmándole un autógrafo». Permanecía en el semáforo desde las 10 de la mañana hasta las 8 de la tarde. Pronto se convirtió en un líder entre los menesterosos. Él administraba los semáforos a otros compañeros y les procuraba un espacio a los que llegaban de fuera. Era, en aquellos momentos, el decano de los mendigos. Cuando la enfermedad le postraba por unos días en la cama del albergue para pobres de San Juan de Dios, alquilaba su semáforo particular, el más rentable de la ciudad, a razón de 500 pesetas la hora. Otras veces, pernoctaba en pensiones de la calle Desengaño, Barco o Ballesta, y si la cosa estaba mal, dormía en los portales.

Corto de estatura, melena blanca, lacia y larga, flaco y algo encorvado, el alcohol le iba matando lentamente. Él decía que bebía para combatir el frío de la calle. Con una copa de «sol y sombra», que apuraba en el bar «Eli-Mar», se despidió de la vida. En este establecimiento abrieron una suscripción pública para costear su entierro.

Multas por mendigar acompañado de animales

Para algunos la mendicidad es un auténtico negocio, concretamente para esas mafias organizadas que controlan a los indigentes, especialmente rumanos de etnia gitana, que les exigen una cantidad por el «puesto de trabajo» asignado y, también, parte de la limosna recogida a lo largo de la jornada día. En algunos casos, les hacen acompañarse de animales para «enternecer» el retablo de la miseria, incluso llegan a drogarles, a pesar de que la ley de Protección de los Animales de Compañía de la Comunidad de Madrid, prevé multas de hasta 5.000 euros a quienes mendigaran con perros, gatos u otros animales, si bien es cierta la dificultad de cobrar esa cantidad a estas personas infractoras sin recursos.

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Durante el mandato de Tierno Galván, este pidió que no se diera limosna a las personas que se acompañaran de menores, sobre todo de niños, en el ejercicio de la mendicidad, incluso se prohibió la utilización de los pequeños en esta actividad.