Una estatua para la Legión en la Plaza de Oriente de Madrid

«Es un monumento para los que aman España, más allá de su ideología», afirma su creador, que denuncia «ataques brutales» en los últimos días

Estatua de la legión de Salvador Amaya
Estatua de la legión de Salvador AmayaSalvador Amaya.

La estatua ya está terminada. Más de dos metros de arcilla, modelados por Salvador Amaya, descansan en una nave de Paracuellos del Jarama. La efigie arroja una mueca de valentía, pero no agresiva, agarrando el fusil con ambas manos y con la bayoneta calada. «Ya se han terminado los trabajos de fundición en bronce. Está a la espera de poder instalarla sobre su pedestal», asegura el escultor madrileño a LA RAZÓN. Junto a su base, el soldado superará los seis metros de altura. ¿Su «cuartel»? El Palacio de Oriente. Se trata del lugar escogido para conmemorar el centenario de la Legión. Un aniversario que la fuerza militar terrestre cumplió el pasado 2020.

Amaya, madrileño de 51 años, asegura que está ante una «gran responsabilidad». «Se quería poner en valor los cien años de creación de uno de los cuerpos más castigados, y se pretendía recordar la evolución de la Legión desde las Guerras de África hasta las actuales misiones en el extranjero», añade. Si bien «el espíritu debía ser el mismo», al final «quisimos hacer un guiño a los primeros legionarios que se alistaron para “liberar” a los soldados de reemplazo que caían por miles en tierras africanas».

Lo cierto es que, a lo largo de las dos últimas décadas, ciudades madrileñas, españolas y del otro lado del Atlántico –México y Washington entre ellas– se han beneficiado del talento de Salvador Amaya a la hora de recrear el mundo castrense. Uno de los ejemplos más recientes lo tenemos en la capital, concretamente en la plaza del Conde del Valle de Súchil, donde se encuentra el «Monumento a los héroes de Baler». Un homenaje a los conocidos como «últimos de Filipinas», asediados por las tropas asiáticas entre julio de 1898 y junio de 1899 en una iglesia del pueblo de Baler. Antes, Amaya hizo lo propio con uno de los héroes españoles más reivindicados: el marino vasco Blas de Lezo, conocido como «El mediohombre». Tuerto, manco y cojo, consiguió impedir, gracias a su habilidad como estratega, la toma de Cartagena de Indias por parte de los navíos ingleses. Desde 2014, está presente en los Jardines del Descubrimiento de la plaza de Colón.

Amaya confiesa su pasión por las hazañas militares. «Desde pequeño quise ser militar. Avatares del destino me llevaron a la profesión artística, pero creo que desde la escultura también puedo colaborar aunque sea creando símbolos que recuerden grandes gestas y representando los valores de disciplina, entrega y sacrificio que encarna el ejército», señala.

Para el monumento a la Legión, el escultor ha tenido como modelo un boceto de Augusto Ferrer Dalmau. Un pintor que, como él, es una voz autorizada dentro del arte de inspiración castrense. «Augusto es un gran conocedor de la milicia. Cada composición que imagina tiene un porqué. En este caso, a la hora de diseñar la idea, tuvo en cuenta que la figura se convertiría en estatua. Por eso, no podía representar un legionario en actitud demasiado dramática, sino como un símbolo de todos los valores y virtudes del legionario», explica Amaya. «En un principio lo importante era la serenidad ante la muerte y la profesionalidad. Representarle en actitud de prevenga nos pareció lo más acertado», añade.

Así, el artista ha culminado meses de trabajo, aunque, «cuando tengo la escultura en arcilla en el estudio, no existen horas, ni días ni semanas. No tengo otro pensamiento más que conseguir quedar satisfecho con el trabajo realizado». Después, una vez que el barro queda modelado, debía decidirse si la reproducción tenía que hacerse en bronce, piedra o madera. «En el caso del monumento público, prefiero el bronce por su resistencia a la intemperie», subraya.

Voces críticas

Este homenaje a la Legión no ha estado exento de voces críticas. Sobre todo hacia el Ayuntamiento de Madrid. Sin embargo, no se trata de una iniciativa del Gobierno municipal. La Fundación Museo del Ejercito abanderó a principios del año pasado una campaña de «micromecenazgo» que superó las 650 donaciones, la mayoría de ellas por parte de particulares. Si bien se barajaron varias opciones para su ubicación, la Fundación consideraba que la más idónea era el Palacio de Oriente. No en vano, allí se encuentra también el «Monumento al Cabo Nobal», un héroe de guerra caído en 1909 durante la guerra de Melilla. Finalmente, y si los informes técnicos así lo avalan, el Ayuntamiento colocará la estatua, un regalo por parte de la Fundación, en esta emblemática plaza del centro de Madrid.

Algunas informaciones apuntaban a que el Consistorio habría requerido que la obra no tuviera «connotaciones franquistas» ni «guerracivilistas». Solo un homenaje a la principal «unidad militar en tiempos de paz». El motivo estaría principalmente en el fundador de la Legión, José Millán Astray, amigo y colaborador de Francisco Franco y protagonista de un histórico enfrentamiento con Miguel de Unamuno en el paraninfo de la Universidad de Salamanca. Además, su nombre ha vuelto a recobrar actualidad después de la reciente sentencia del TSJM, que pedía restituir el nombre de su calle, en el distrito de Latina, después de que fuera eliminado por el Ayuntamiento de Manuela Carmena en aplicación de la Ley de Memoria Histórica.

¿Ha recibido el escultor algún tipo de directriz en ese sentido a la hora de crear su obra? «En realidad, me he limitado a las premisas que me han indicado desde el Ejército. Supongo que el Ayuntamiento ha recogido el testigo, pero el Ejército, como promotor, es quien nos dio las indicaciones, aunque he de decir que jamás nos han puesto limitaciones», señala. De hecho, conocen sobradamente su trabajo, así como «mi respeto por las Fuerzas Armadas, y sabían que estoy abierto a todo tipo de sugerencias. Obviamente, el monumento no iba a tener connotaciones guerracivilistas, porque tres años de Historia no son representativos en un cuerpo que ha cumplido cien, y porque una guerra es una tragedia para ambos bandos y cada uno lucha donde le toca o tiene a bien posicionarse. Es una polémica sin sentido, la verdad».

La memoria histórica

Al final, cualquier homenaje que éste o cualquier Ayuntamiento quiera emprender, deberá pasar el filtro de una ley que, a tenor de las últimas sentencias, es muy interpretable. «Los grupos de izquierda protestarán siempre por todo lo que no les identifique con ellos. No recuerdo que nadie criticara a Carmena cuando pagó un monumento a los fusilados del franquismo o a los refugiados. Sin embargo ellos parecen tener la autoridad moral sobre lo que está bien o está mal, lo que hay que pensar o no, y lo que hay que sentir o no». Amaya denuncia que, en los últimos días, «hemos sufrido unos ataques brutales» por parte de dicho sector. «Pero sabemos que hay un amplio sector de la población que sí se siente representado por los valores militares y por la labor de su Ejército. A ellos va dirigido este monumento, a los que aman España independientemente de sus ideas políticas». Dicho esto, ¿qué le gustaría que viesen los viandantes cuando miren a los ojos a su legionario? «Me gustaría que miraran de tú a tú a quien no teme a la muerte y a quien pone por delante la bandera de su patria por encima de su vida. Me gustaría haber podido transmitir la entereza del hombre que cuida de los suyos y no deja a nadie atrás. Me gustaría que se recordara que nuestro espíritu es capaz de albergar valentía, honor, esfuerzo, amor y sacrificio. Que el ejército está ahí, no de forma testimonial, sino que su labor va dirigida a proteger nuestra forma de vida», concluye.

Más de 37.000 muertos o heridos

A lo largo de este siglo de historia, la Legión española ha sufrido más de 37.000 bajas en varios conflictos bélicos. Por rangos, murieron seis jefes, 375 oficiales, 403 suboficiales, dos CASE y 6.859 miembros de tropa. Resultaron heridos 18 jefes, 924 oficiales, 1.231 suboficiales y 10 CASE, y 27.789 de tropa, muchos de estos mutilados. A estos hay que sumar los desaparecidos: seis oficiales, nueve suboficiales y 761 de tropa. Desde 1992, han participado en varias misiones de paz, entre ellas las de Bosnia Herzegovina, Albania, Kosovo, Macedonia, Iraq y Afganistán. Hoy, conforman el cuerpo alrededor de 5.000 personas, de las cuales 272 son mujeres.