Religión

Hakuna, donde la fe y la música se dan la mano

Visitamos la sede del movimiento religioso que no para de atraer jóvenes con la letra de sus canciones

Hakuna.
Hakuna.Alberto R. RoldánLa Razón

El Papa Francisco les define como una familia eucarística. «Hakuna» –que significa «no hay» en swahili- nació hace ya diez años durante la JMJ de Río de Janeiro, con el único objetivo de llenar el mundo de vida y que las personas que claman por esa vida puedan encontrar un camino más. Desde entonces, su forma de ver y entender la vida se ha extendido por todo el mundo. Hace solo unas semanas llenaron el Wizink Center de Madrid y hace solo unos días recibieron el Premio CEU por la difusión de la cultura católica. Divulgación que logran en gran parte gracias a las canciones de Hakuna Group Music y que con sus letras, han conseguido cambiar la vida de muchas personas. «Es nuestra propia oración, tratamos de transmitir con ellas la verdad de lo que vivimos, que sean lo más reales posibles», explica a este periódico Víctor Córdoba, miembro de Hakuna.

Sin embargo, no hay un plan establecido, no buscan las cifras ni tienen una meta que alcanzar. Estas serán las que «vaya guiando el Espíritu Santo» y los proyectos son los que van surgiendo. En 2017 se constituyó como asociación privada de fieles en la diócesis de Madrid, algo necesario para desarrollar los diferentes proyectos. Pero Hakuna no es nada más que otra herramienta para que «las personas puedan llegar al cielo y encontrar un sentido».

Como dice el estribillo de «Capricho», una de sus últimas composiciones: «siempre detrás con la lengua fuera». «Esto es un regalo, un puro capricho de Dios y nosotros vamos detrás, intentando llegar a todo lo que él manda, con la lengua fuera», dice Córdoba. Ejemplo de ello es El Estudio, antiguo Convento de San José de Las Rozas y propiedad de las concepcionistas franciscanas, que llegó por sorpresa cuando más lo necesitaban para convertirse en la única sede física con la que cuentan en Madrid. Un espacio abierto, en el que todo el mundo tiene cabida, sin importar la ideología, religión o sexo. Allí se celebran sus habituales revolcaderos quincenales, los «God break» mensuales de retiro de una tarde, catequesis, hemiciclos o encuentros abiertos en torno a un tema, cursos prematrimoniales, formaciones o encuentros por edades. Además allí, se gestiona la tienda online y se encuentra el estudio de música donde graban los discos, fruto de una donación.

El Estudio es un espacio abierto en el que todo el mundo cabe
El Estudio es un espacio abierto en el que todo el mundo cabeCEDIDA

«La idea es que todas las líneas de actividad de la fundación tengan financiación propia que sean autosostenibles, varias ya lo son. Luego hay particulares que les gusta nuestra labor y quieren ayudarnos». Sin olvidar su núcleo fuerte: las horas santas. Allí donde está Hakuna, hay una. «Cada semana, en parroquias de todo el mundo hay una hora santa, por grupos de edades. Se apagan las luces, se adora al Santísimo, se tocan canciones y se escucha una reflexión del Evangelio. Después vienen las cañas, los tacos mexicanos o lo que toque». Una alternativa a la oferta de ocio a la que acceden habitualmente los jóvenes y que ayuda a que conozcan, se relacionen y compartan experiencias e ideas con personas de su misma edad.

A sus 26 años, Córdoba dice haber creído siempre en Dios, pero su vida de fe han sido pequeños «síes». «Empecé ayudando en una parroquia, tocaba la guitarra en las misas, me fui tres años de misionero a Filipinas... todo eso han sido pequeñas conversiones hacia una fe más profunda y vivida». La necesidad de llevar la alegría que sentía a personas de todo el mundo se vio materializada en El Estudio y entendió que era su lugar. «Aquí he visto el poder de los laicos, la gente que no tiene que ser sacerdote y consagrado para sacar adelante cosas por la iglesia».

Las Horas Santas semanales, son el núcleo de Hakuna
Las Horas Santas semanales, son el núcleo de HakunaCedida

África Aguayo, recuerda la primera confesión que tuvo: llevaba mascarilla y una mampara de plástico le separaba del cura. «Nunca había creído en nada, no había practicado. Hasta que hace tres años y medio mi padre falleció de forma repentina y gracias a una casa que tenía enfrente descubrí la fe». Empezó a rezar sola y a ir a misa, casi a escondidas. «Tuve que preguntarle a unas amigas como se hacía y qué era El Templo del que hablaban, no tenía ni idea de nada». Varios meses después, hizo su primer viaje con Hakuna. «Me gustó mucho la acogida, el ambiente que había y las actividades que allí se hacían. Así que empecé a colaborar con ellos en la parte voluntariados».

A día de hoy, colabora en todo lo que puede y que es necesario. «Es momento de cuidar Hakuna porque está creciendo mucho. Queremos que nuestra acogida sea grande y que la gente conozca nuestro estilo de vida porque a través de él queremos reflejar como percibimos a Dios. Pero hay que cuidarlo porque no podemos olvidar que todo esto es verdad. Es más que sentimentalismo».