Las renovables, listas para los objetivos climáticos

Esta tecnología será la fuente principal del mix energético del futuro. España cuenta con amplios recursos y una industria renovable líder, que se verá reforzada con los fondos Next Generation

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La situación actual de las energías renovables en España en relación a los objetivos para el 2030 y 2050, la evolución tecnológica, el papel de las administraciones públicas, las empresas y la sociedad para el cumplimiento de los compromisos ambientales de España, son cuestiones en las que merece la pena el intercambio de conocimiento entre los expertos y compartirlo con la sociedad. Con esos objetivos la Razón y Naturgy han reunido en torno a una mesa virtual a un grupo de personas expertas en energía renovable que también han expuesto los retos, barreras y oportunidades ante unos objetivos que para España implican duplicar la capacidad de generación eléctrica con fuentes renovables frente a la actual ya instalada. Los fondos Next Generation de la Unión Europea y las posibilidades de que sean una herramienta para avanzar en este camino también han estado sobre la mesa.

En el encuentro, moderado Eva Martínez Rull, redactora de V de Viernes, han participado Juan Ferrero, responsable de Desarrollo Renovables España de Naturgy; Heikki Willstedt, director de Políticas Energéticas y Cambio Climático de Asociación Empresarial Eólica (AEE); Mercedes Ballesteros, directora del Departamento de Energía del Centro de Investigaciones Energéticas, Medioambientales y Tecnológicas (CIEMAT) y Daniel Pérez, vicepresidente de Unión Española Fotovoltaica (UNEF).

En su intervención Juan Ferrero destacó «la gran ambición de España en cuanto al desarrollo de energía renovable. De hecho, en el contexto europeo está entre los cinco países más ambiciosos. En grado de cumplimiento de los objetivos estamos en la senda de lograrlo, porque, según los datos adelantados del Observatorio de Transición Energética y respecto a 2020, estamos por encima del 25 por ciento. El año pasado, incluso, hemos visto que la cobertura por el sector eléctrico de renovables está en el 44 por ciento, así que estamos bien enfocados». Las previsiones para 2030 al sector eléctrico «le marcan un objetivo del 70 por ciento y para ello tenemos diversas palancas. Por una parte el MITECO ha fijado ya un calendario de subastas a 2025 con una previsión mínima en torno a 20 GW, que unido a los concursos para las islas, ayudará a alcanzarlos».

Para Ferrero está claro que «el objetivo de neutralidad climática y un sector eléctrico 100 por 100 renovable en 2050 es un gran reto, porque solo la electrificación por sí sola es difícil que descarbonice totalmente la economía. Serán necesarios también otros vectores energéticos como los gases renovables, específicamente biometano e hidrógeno verde, con una integración de los sistemas energéticos, -lo que llaman el sector coupling-, con uso combinado de las redes de gas y electricidad para poder vehicular toda esta energía descarbonizada. Esto se configura como aspecto clave para alcanzar los objetivos».

LOS SEMÁFOROS DEL SECTOR

Heikki Willstedt comparó la situación actual del sector renovable en España con una parrilla de salida de Fórmula 1 «donde están todos atentos a cómo los semáforos cambian de rojo a naranja y luego a verde para salir a toda velocidad». En ese sentido, en verde estarían «los recursos, puesto que tenemos viento y sol, incluso con la biomasa y la hidráulica. Ahí estamos en superverde. Igual que el semáforo político, que había llegado a estar en rojo oscuro. Ahora hay una decisión de descarbonización total a 2050». El capital, la financiación, y las tecnologías «también están en verde. Algunas, como la eólica off shore, estaría en naranja. Las empresas y los profesionales españoles son punteras mundiales, trabajan y operan en todos los mercados, verde también».

Sin embargo, el semáforo territorial «lo veo en naranja. En el futuro el impacto de la energía se va a generar aquí, en España, y este es el territorio que lo va a tener que soportar. Tenemos que ser conscientes de que necesitamos esa energía y de que queremos descarbonizar, generar industria y empleo. Por eso, es necesario un gran pacto entre toda la sociedad y una redistribución para que quien soporta el impacto también reciba beneficio. Es difícil hacerlo todo con total precisión, pero hay que trabajar con administraciones y ciudadanía locales para que no se sientan invadidos y todo el mundo esté tranquilo. Es necesario hacer las cosas de otra forma y trabajar para que la transición sea justa».

Por su parte, Mercedes Ballesteros se congratuló de que «el horizonte en España para las renovables sea tan esperanzador. Los que llevamos años trabajando en este sector nunca lo habíamos visto así. Y tenemos una gran base, recursos, industria líder, una I+D+i muy potente y una capacidad ya instalada muy importante e irrenunciable». Para Ballesteros los fondos Next Generation «van a reforzar muchísimo el sector. Pero los objetivos son muy ambiciosos y alcanzarlos solo con las tecnologías actuales será difícil. Habrá que generar nuevo conocimiento, hacer un esfuerzo en I+D+i, avanzar en capacidad de respaldo y almacenamiento. Y tener muy en cuenta tecnologías como la solar termoeléctrica, en la que España es líder indiscutible, y la biomasa, que somos un país de los más forestados en Europa, aunque no nos lo queramos creer».

Asimismo, Ballesteros da un papel fundamental a las administraciones «para construir un sistema renovable, eficiente, sostenible, competitivo económicamente son necesarias unas políticas que armonicen todos estos sectores. Además, no se trata solo de cambiar unas tecnologías por otras, estamos hablando de cambiar un modelo en el que había unos productores, unos distribuidores, otros que comercializaban y, al final, un consumidor. Ahora, con el autoconsumo y la generación distribuida, las empresas energéticas asumen que el modelo tiene que cambiar, de hecho están cambiando también su manera de pensar. Debe haber unas nuevas reglas del juego. Y estoy completamente de acuerdo en que uno de los mayores desafíos es hacer cómplice a la sociedad de todo esto lo tenemos que hacer todos juntos. Si no, estaremos reproduciendo los mismos errores que en el pasado han cometido tecnologías fósiles. Todo esto va a requerir una ocupación del territorio, pero hay que hacer las cosas bien».

Recurriendo a los semáforos, Daniel Pérez, vicepresidente de UNEF, también consideró que «la fotovoltaica está en verde absoluto. Ha reducido sus costes de manera muy importante en los últimos 10 años y es competitiva; la instalación anual progresa a un ritmo estable, igual que la investigación tecnológica. Se puede optimizar, pero básicamente, los deberes están hechos. Y el desarrollo en España es muy bueno: 2020 lógicamente ha sido un año especial, pero en 2019 hubo record de instalación con 4,2 GW. Y la previsión es seguir instalando». A futuro, ciertamente también «está habiendo recelos en algunos lugares para las instalaciones. Quizá exagerado, porque no necesitamos ni el 0,5 del territorio para generar autosuficiencia fotovoltaica combinada con eólica, no va a haber una invasión del territorio. Pero entendemos que en ciertos lugares pueda haber preocupación ante parque solares que ocupen 300 o 400 hectáreas. También es cierto que, en general, las cosas se hacen bien y que no todo lo que se anuncia se va a construir. En cualquier caso los pactos con los territorios son necesarios y hay que abrir la posibilidad de que los beneficios sean repartidos».

Para Pérez, usando también el símil de los semáforos «la cadena de valor de la fotovoltaica está en verde. Fabricamos aquí una buena parte de los componentes, que no todo viene de China, y tenemos cinco de las empresas más grandes del mundo. Con lo cual estamos generando también tecnología española y empleo, incluso retornado. La fotovoltaica deja mucha inversión aquí y la fotovoltaica española está presente en más de 70 países. Además, representa una huella económica de más de 9000 millones de euros para el país; 58600 puestos de trabajo en 2019; una balanza comercial positiva en 1603 millones positiva, una inversión en I+D+i de 170 millones de euros, y una balanza fiscal de 1600 millones de impuestos que se han quedado aquí gracias a la actividad económica desarrollada por el sector de la fotovoltaica.

En cuanto a los fondos europeos, «pensamos que, aunque sea competitiva, hay ámbitos en que se puede dar un empujón como al autoconsumo, inversión en innovación y en agrovoltaica para compatibilizar los usos de suelo y compensar los precios del alquiler de suelos, para que agricultores no se sienten desplazados».

Otra cosa es apostar por la hibridación de las redes y por el almacenamiento. «Finalmente hay que invertir en fotovoltaica para generar hidrógeno verde y para electrificar tanto el transporte como la climatización, que han de estar basados en renovables. En definitiva el semáforo en general está en verde, hay que mantener la velocidad estable y generar una industria que dure, para que la gente pueda trabajar con estabilidad sin que se produzcan enormes saltos ni grandes parones.

El debate entre los ponentes estuvo centrado sobre todo en la cuestión de los acuerdos sociales necesarios para el desarrollo de las instalaciones en el territorio. Juan Ferrero, así lo expresó «Viéndolo desde la parte de las empresas, de los promotores, hay que trabajar mucho en adaptar los proyectos a la realidad del territorio y que sean sostenibles también desde la parte social y ambiental».

En lo que hubo acuerdo fue en el papel que pueden jugar los fondos europeos. Como resumía Ferrero «los Next Generation tendrán un papel fundamental en el desarrollo de las renovables y serán claves para la generación de empleo de calidad en España».