Ultimátum

Ramón Tamames
Ramón Tamames FOTO: Cristina Bejarano La Razón

Los lectores de esta columna de «Planeta Tierra» recordarán las muchas ocasiones en que nos hemos referido a los grandes retrasos en el cumplimiento de los objetivos destinados a prevenir lo peor del cambio climático; en la idea de conseguir una completa des carbonización de la sociedad de aquí a 2050.

La primera de las dificultades en esa dirección consiste en que China ha pospuesto esa descarbonización total a 2060, y todavía se auto permite construir centrales térmicas de carbón. En cuanto a EE.UU., lo cierto es que en el segundo país contaminante del mundo, el Presidente Biden promete mucho pero tampoco ha concretado sus propósitos. Resulta, pues, que el binomio ChinUsa retrasa sus planes definitivos, y tal vez en la próxima conferencia del clima, COP-26, que se celebrará en Egipto en noviembre/diciembre de este año 2022, tendremos ocasión de ver cómo los dos países más irresponsables siguen siéndolo.

El peligro de un colapso climático próximo tendría grandes consecuencias, y no es extraño que nuevamente el Panel Internacional, el célebre IPCC, haya dado un paso más, manifestando que si todas las naciones no adoptan medidas urgentes de aquí al 2030, la situación se complicará hasta lo inimaginable: ya con lo que hay en la atmósfera de gases de efecto invernadero acumulados, tenemos para muchos años, seguramente más de un siglo, de efectos cada vez más negativos. Un verdadero ultimátum.

Si seguimos acumulando más y más CO2 , metano, etc., el propósito de no llegar nunca a dos grados de aumento de la temperatura de la era preindustrial, quedará como una meta imposible. Y por si fuera poco, a la economía de la escasez que se creó a partir de los efectos de la gran pandemia, se juntaron las dificultades de la guerra de Ucrania, y vemos cómo los combustibles perniciosos para nuestro futuro están siendo utilizados de nuevo para atajar una pretendida crisis energética. En una sola frase: nos estamos cargando nuestro propio futuro.