«Nymphomaniac Vol. 2»: Una chica y una pistola

Dirección y guión: Lars Von Trier. Intérpretes: Charlotte Gainsbourgh, Stellan Skarsgaard, Jamie Bell, Willem Dafoe. Dinamarca-Bélgica-Francia-Alemania-Gran Bretaña, 2014. Duración: 123 minutos. Drama.

A raíz del estreno del primer volumen de este puñetazo en la boca del estómago hablábamos de la lucha entre la locura del instinto y la sensatez de la lógica. Este segundo capítulo nos demuestra que la única certeza de la que podemos alardear cuando vemos una película de Lars Von Trier es que nos va a dejar noqueados. Ni instinto ni lógica: Joe (Gainsbourgh) es la libertad y sus abismos, y Seligman (Skarsgaard) es la voz de lo políticamente correcto, no de la sensatez. La evolución dramática que se percibe en su guerra dialéctica es a la vez un ajuste de cuentas con los que censuran películas, hablan con eufemismos y declaran a los artistas «persona non grata» y un perturbador retrato de la maldad humana.

Sí, en «Nymphomaniac Vol.2» hay más sexo duro, si eso sirve para calificar unas cuantas sesiones de «bondage» y el acto de pervertir a una lolita más revoltosa de lo que su aspecto haría prever. Demiurgo que no confía más que en la Nada, Von Trier se identifica con esta decadente Scherezade para revelar que es el jefe , y entonces enseña su hoja de ruta para que creamos que todo ha sido un juego para celebrar los «highlights» de su carrera y satisfacer a los académicos y a los que tienen ideas preconcebidas sobre sus obsesiones. Suerte que hay una traca final que derrumba el edificio, y de las ruinas Von Trier demuestra que sí, que él también sabe hacer una obra maestra con una chica y una pistola.