“La mentira y el pragmatismo político”

Todo el mundo sabe que las promesas que se realizan en las campañas electorales no tienen ningún valor y que el interés por unos votos hace que las enemistades se tornen en amistades

La Razón

La verdad y la mentira se interpretan de forma distinta en la política que en la vida real. Es todo muy relativo. Esto no significa que la vida pública sea un teatro permanente, sino que la realidad cambiante lo justifica todo. En la vida cotidiana es bastante razonable cumplir los compromisos y queda bastante mal mentir. No digo que esta sea perfecta. La política permite decir una cosa hoy y mañana la contraria. Todo el mundo sabe que las promesas que se realizan en las campañas electorales no tienen ningún valor y que el interés por unos votos hace que las enemistades se tornen en amistades.

En este sentido recuerdo la anécdota, mil veces contada y con distintos protagonistas, del político que promete la construcción de un puente incluso donde no hay un río. Una de las atribuciones más conocidas es al conde de Romanones que fue una de las grandes figuras del reinado de Alfonso XIII. Don Álvaro fue un personaje fascinante, como lo eran gran parte de sus colegas diputados o senadores, que tenía altura política, una sólida formación, fina oratoria y agudo ingenio. En aquella época se mentía, incluso, con gracia.

No tuve la suerte de vivir aquellos tiempos tan fascinantes, pero la lectura de los diarios de sesiones, las biografías y las memorias de estos personajes así como los inestimables periódicos ofrecen la oportunidad de adentrarnos en una época donde rebosaba el talento en la política. Eran, además, hombres de palabra. Otra cosa distinta es que la crisis de la Dictadura, los errores de Alfonso XIII, las ambiciones desmedidas y el crack del 29 propiciaran un cambio de régimen que sería la antesala de la terrible Guerra Civil.

La Segunda República, que es la gran mentira idealizada de la izquierda, fue un fracaso desde el primer momento y ni unos ni otros hicieron nada para salvarla. No hubo ni civismo ni espíritu republicano como se dice en Francia. La clase política española no es capaz ahora de llegar a acuerdos salvo en los estrechos límites de sus trincheras. Todos dicen que están dispuestos a ello, pero la realidad es que no hay forma de caminar juntos en temas fundamentales como la reconstrucción y en tener una posición común en la UE.

El PP dice que está dispuesto a sentarse a negociar con el Gobierno y éste asegura que siempre lo está pero acusa a su rival de «postureo». Por ello me preguntó ¿quién miente?