Por su propio peso

Rueda de prensa del Consejo de Ministros
El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias.J.J. GuillénEFE

Ya es oficial: el momento vacaciones empieza a tomar forma y después de meses con los cielos desprendiendo solo silencio y con ausencia de las estelas que marcan las idas y venidas de los aviones, parece que se está produciendo movimiento y eso es buena señal. Da igual donde vaya la gente, el caso es que haya circulación y que se genere dinero a base de gasto, cosa que a muchos de quienes nos gobiernan no les parece bien aunque ellos no prediquen con el ejemplo… o sí, pero moviéndose de un lado para otro con el dinero de nuestros bolsillos, ese que tanto trabajo cuesta juntar.

Somos muchos los que estamos pesimistas con respecto a los actuales mandatarios del país y su futuro. No olvidemos que el inefable Zapatero, de triste recordación, lo padecimos dos legislaturas pese a lo desastroso de su gestión, sus mentiras y sus tejemanejes, y la historia podría repetirse a pesar de que la situación es bastante penosa y el espectáculo que estamos dando ante los socios europeos es muy ridículo y así se lo están haciendo saber al del Falcon. Pero, en efecto, las cosas caen siempre por su propio peso y este dañino equipo, formado por la ultraizquierda, el socialismo y el separatismo va cayendo en desgracia y así lo demuestran los resultados de las encuestas, hechas por empresas solventes y autorizadas, no como el CIS, claro. Y también las recientes elecciones regionales en Galicia y el País Vasco, donde ha prevalecido la razón frente a lo absurdo, si bien se ha demostrado que al nacionalismo no hay que perderlo de vista. El hundimiento del podemismo era algo de prever, los indignados ha sido un movimiento del que nacieron con menos fuerza que una gaseosa y así han ido quedando con el paso del tiempo: sin burbujas. También las militantes del enfermizo empoderamiento femenino se han quedado sin argumentos luego de las actuaciones del Amado Líder, del Gran Dirigente y Líder Supremo, que tendrá que meterse bajo las faldas de una mesa camilla en su palacete galapagareño, custodiado por un ejército de guardiaciviles, porque este agitador también acabará como Ceaucescu y su mujer Elena, no ejecutados, que por fortuna en España estamos libres de esa barbarie, pero sí rechazados por todos junto a su actual “compañera setimental”. Existe un paralelismo muy curioso entre estas dos parejas y el final que se prevé para la segunda será el ostracismo si bien este aislamiento y este desprecio se verá compensado e ilustrado por una pensión vitalicia por los servicios (¿?) prestados al Estado, o sea por su vicepresidencia y su ministerio de igualdad respectivamente, que las penas con pan, o sea con plata, son menos dolorosas. Pero demos por buena la manutención de estos pillos por parte del sufrido contribuyente con tal de perderlos de vista. Que sigan haciendo business con Venezuela e Irán, pero que se vayan y que España vuelva a prosperar como se consiguió en otro tiempo, un país donde se priorice la inmigración cualificada, como en el Reino Unido; un país donde no se masacre a impuestos a quienes trabajamos ahorrando, pensando en un futuro de jubilación sin penurias puesto que las pensiones cada vez están más en peligro; un país donde un altruista, como Amancio Ortega, no sea absurdamente criticado o denostado a pesar de sus generosas donaciones; un país, en fin, donde la vida fluya sin el ceño fruncido como el del Querido Líder; un país sin resentimientos comunistas; un país que genere riqueza, con pleno empleo, sin economía sumergida ni chanchullos. Una utopía, un sueño, una visión, pero ¿qué sería de nosotros sin poder ejercer nuestra fantasía?