Mentir es gratis

La obsesión del mentiroso por contar trolas es equivalente a la del cleptómano por echarse al bolsillo lo que sea en unos grandes almacenes. Y es muy difícil que el uno o el otro lleguen a curarse porque, en definitiva, ambas son enfermedades de la cabeza. Somos humanos y estamos llenos de taras: no hay más que mirar hacia nuestros adentros para darnos cuenta de que esto es así en mayor o menor medida.

El que mata –o tiene intención de matar-, no es más que un tarado, porque se nos enseña desde pequeños que hay que procurar no hacer la puñeta a nadie y a muchos nos gustaría que esa fuera la frase de nuestra lápida en el epílogo de nuestra vida, algo así como “aquí yace fulanito, que pasó por este mundo intentando no fastidiar al vecino”, en resumen, intentando sacar de dentro su bonhomía, cosa que en la actualidad no abunda.

El jueves dábamos cuenta en Espejo Público del episodio vivido por José María Mainat con su mujer y el intento de ésta de matarlo induciéndole un coma diabético a base de insulina, en un amplio reportaje en el que se detallaban la maldad de la asesina impidiéndole al productor tomar azúcar para compensar las dosis del fármaco que ella misma le había administrado. Para mí que él no supo muy bien con quien se casaba. Me gustaba mucho la pareja que hacía con Rosa María Sardá; los conocí hace mucho tiempo en Barcelona y la sensación que tuve era que encajaban como dos piezas de un puzzle. Luego los volví a ver por separado y ya no eran lo mismo.

Pasó el tiempo y él se juntó con la alemana (o polaca) que intentó asesinarlo. A veces nos equivocamos al elegir compañero de vida porque quizá no conocemos realmente a la persona con la que vamos a compartir nuestros días y nuestras noches, sus principios, su estilo de vida… Tampoco se trata de estar en todo de acuerdo pero debemos asumir que existen determinados patrones para que la convivencia, que ya es difícil de por sí, resulte lo más armoniosa posible.

Pero sigamos. Maldad y mentiras son también las constantes del actual gobierno, que nos ha bloqueado las puertas a los madrileños con el pretexto de mejorar la curva de infectados por el covid y nos larga trolas como las presuntas “cifras récord en un septiembre especial: el paro baja en 26.329 personas y se crean 84.013 empleos”. Vaya, vaya, ¡qué bonito país, tan próspero y casi con pleno empleo! Me encantó la forma que tuvo de despacharse la diputada Ana Vázquez Blanco relatando uno por uno los casos de corrupción de socialistas y podemitas sin dejar nada en su tintero.

Eso es hablar alto y claro, como alto y claro le habló Trump a Biden de forma un poco aturullada y grosera, eso sí, ante un contrincante sin desparpajo y con esa pequeña dificultad que le confiere haber sido tartamudo. Las encuestas dicen que ganó este último pero, para mí tengo que sería más acertado decir que la cosa quedó en tablas. Ahora Trump ha salido a decir que está contagiado y que se confina en cuarentena con la bella Melania, que también lo está. Ya veremos si no es una trola –volvemos al principio-, para dilatar el período electoral ya que en estas condiciones no puede seguir con su campaña.

Y así van discurriendo los días, entre mentiras, crímenes y trampas ante la impasividad de la gente, que ya está aburrida y quemada de observar el panorama que nos rodea. ¿Para cuándo un amotinamiento por parte de los sufridores de esta película, que somos los pobrecitos españoles?