Los errores de Pedro Sánchez

El presidente cuenta con la ventaja de tener a Podemos en el gobierno por lo que la calle está razonablemente tranquila a pesar de la brutal crisis económica y sanitaria que sufrimos.

La opinión de Francisco Marhuenda.La Razón

Cuando alguien tiene la suerte de alcanzar su mayor sueño, como es el caso de Pedro Sánchez, lo más adecuado es salir cada mañana, mirar al cielo y decir gracias. Los creyentes podemos dárselas a Dios y quien no lo sea se puede dirigir a la providencia. No resto méritos al presidente del Gobierno cuando me refiero a la suerte, porque, a pesar de mis discrepancias, no soy uno de esos fanáticos que le restan cualquier mérito y hacen críticas de brocha gorda. En eso coinciden, me encanta recordarlo, con los políticos y los periodistas que eran visceralmente antisanchistas hasta que mutaron en fervorosos sanchistas en el momento en que, casualmente, se convirtió en el inquilino de La Moncloa. Nada hacía suponer que alcanzaría el éxito con tanta rapidez y juventud, pero su inteligencia, dureza y tenacidad lo hicieron posible. Por tanto, en su caso debería ser un hombre enormemente feliz y contemplar su futuro con enorme optimismo, aunque ahora, es verdad, tenga que gestionar la peor situación que le ha tocado a cualquier presidente en muchos años.

A pesar de ello, comete algunos errores que, sinceramente, se los podría ahorrar. Es verdad que cuenta con la ventaja de tener a Podemos en el gobierno por lo que la calle está razonablemente tranquila a pesar de la brutal crisis económica y sanitaria que sufrimos. Cuenta con la sumisión de Ciudadanos que está dispuesto a prestarle su apoyo de forma incondicional. Por otra parte, tiene al centroderecha inmerso en una crisis profunda que le garantiza, como mínimo, un par de legislaturas. A los independentistas, nacionalistas, herederos de ETA, regionalistas aprovechados y radicales variopintos los tiene bien pastoreados para que le apoyen los presupuestos. La existencia de Vox es un chollo, porque le permite pasearlo para movilizar a la izquierda e impedir que los nacionalismos pudieran algún día apoyar al PP. El Frente Popular de la moción de censura y la investidura no tiene otra salida que votarle, aunque haciendo gestos cara a la galería.

Esto hace que me resulten incomprensibles algunos errores que se podría haber ahorrado. En primer lugar está el clima de confrontación permanente con la oposición. Es contraproducente. Con lo dividida que está es más útil aprovecharla a su favor, aunque es verdad que la presencia de Podemos lo hace más complicado. Otro error son las cesiones a los independentistas. Es un poco excéntrico pasar de ser un fervoroso defensor de la aplicación del 155 a ceder en algo tan simbólico como es el carácter del castellano como lengua vehicular en la educación. Hay que partir de la base de que cualquier cesión ante los nacionalistas no sirve para resolver el problema de fondo, sino que es un paso más en su camino independentista. En ello incluyo, por supuesto, al PNV que es más paciente que sus homólogos catalanes, pero comparten el mismo objetivo de romper con España y traicionar, por tanto, su propia historia, ya que catalanes y vascos construyeron, con el resto de españoles, esta gran nación.

Otro error es acabar con la separación de poderes y autorizar este asalto a la Justicia que empezó con el disparatado nombramiento de una ex ministra y diputada socialista al frente de la Fiscalía General del Estado. Ahora se busca algo parecido con el CGPJ. Lo de RTVE es tan escandaloso como esperpéntico, pero como lo hacen el PSOE y Podemos la inmensa mayoría de los medios y la profesión periodística permanece silente. La gestión de la covid-19 ha oscilado entre el voluntarismo y la propaganda, sin duda con las mejores intenciones, pero sin reformar el marco legal y establecer un equipo de expertos como sería exigible y que es lo que marca el sentido común. La ineficacia en materia económica es sorprendente mientras numerosos sectores se encuentran en pérdidas y algunos con un horizonte de cierres masivos. En lugar de emprender una política de choque destinando dinero para regar la economía se ha optado por endeudar a empresarios, autónomos y familias. El coste final será enorme. Ahora tenemos un proyecto de Presupuestos Generales que nadie se lo toma en serio, aunque los socios gubernamentales, deseosos de meter sus zarpas en ellos, lo votarán con gran fervor.

El último e innecesario error ha sido esta famosa orden para vigilar y controlar las «fake news». Hay una máxima en periodismo por la que un titular que no se entiende y necesita explicación es que está mal y, por tanto, hay que cambiarlo. Es lo que sucede con esta iniciativa mal planteada y peor explicada. El gobierno no ha conseguido ningún apoyo e incluso los que inicialmente, por una obvia afinidad ideológica, optaron por un perfil plano inmediatamente cambiaron para criticarla. A lo mejor todos estamos equivocados, dicho irónicamente, pero ha quedado claro que no hay algo igual en el resto de Europa. Con el clima de crispación que existe y la sensibilidad sobre esta materia, me resulta incomprensible que no hubieran hecho algo distinto y sobre todo que no se explicara, a bombo y platillo, antes de que lo leyéramos en el BOE, para evitar suspicacias.

Una comisión más técnica, sin políticos y periodistas, acotando mejor en su redactado las cuestiones no hubiera hecho saltar todas las alarmas. Hay «fake news» muy claras como son las operaciones ilegitimas e ilegales de algunos países para manipular la opinión pública, pero el concepto es tan amplio como discutible en otros casos. Lo uno está muy claro y lo otro se sitúa en un territorio muy complejo y cuestionable. En cualquier caso, tenemos una legislación muy sólida en esta materia, así como una doctrina muy amplia del Tribunal Constitucional y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Como Sánchez tiene mucho tiempo por delante puede mejorar en estos y otros errores.