Ideas viejas, políticos nuevos

Todavía andamos instalados en unos aventurerismos que provienen del siglo XIX o principios del XX, lo que es muy legítimo sino fuera porque estamos en el XXI.

Se ve que la politiquería continúa rehén de una oratoria que no va acorde con estos tiempos y que los tiene entrampados en unos discursos que ya suenan ajados. Como me comenta Andrés, un colega de «El cultural», todavía está instalada en esa vieja retórica del valle y la montaña, de los jacobinos y los girondinos, la derecha y la izquierda, que, aparte de ser anacrónica y recuperar el olor de la naftalina, es una retórica que conjuga mal con los aperturismos de la época.

Todavía andamos instalados en unos aventurerismos que provienen del siglo XIX o principios del XX, lo que es muy legítimo sino fuera porque estamos en el XXI. Mientras la NASA anuncia que ha encontrado agua en la luna y piensa ya en marcarse unas crónicas marcianas, aquí todavía hay mucha señoría y senador enfermo de antigua ideología, que anda muy ensoñado, o asnado, según se mire, con encabezar revoluciones izquierdistas, derechistas y otras tantas postrimerías de igual calado, y lo único que consigue es enturbiar las aguas del diálogo y alejarnos de los propósitos, o sea, de que a todas nos vaya mejor.

Existe un saber, que es el popular, el de los abuelos, que es puro instinto histórico, y que anuncia por dónde discurre la mentalidad líquida del momento. Ahora que nos creíamos más higienizados de prejuicios, menos atávicos y hambreados, y más atildados de modernidad con nuestro europeísmo más o menos reciente, volvemos a caer en un retroceso dialectal. Esto hace ahora que nos encontremos con unos jóvenes diputados que más que provenir de Kurt Cobain o The Strokes, parecen colegas de Bakunin. Lo que tenemos son unos modernos de la política que suenan muy carcas, arañan un horizonte bajo y viajan estrechos de tolerancia, lo que es puro antagonismo con la centuria que toca. Se les escucha y los padres de la Transición parecen Barack Obama a su lado.

Ahora hemos vuelto a repartir carnés, a dividir el país entre los míos y los otros, los que están conmigo y los que están contra mí, que es el remoto frentismo hispano, que es justamente contra lo que nos había advertido la Historia y Goya.

Esto de indicar con quién se puede hablar/negociar o no trae unas escorrentías deductivas alucinantes y de muy mal encaje. Se puede leer por ahí un titular de un lumbreras que asegura que Bildu tiene más responsabilidad con los presupuestos que los de la bancada de enfrente, para lo que hay que ir sobrado de machos o inconscientes. Habrá que puntualizarle al figura que no tienen más responsabilidad, sino que se quieren fulminar el Estado y si para eso necesitan pactar con quien sea, pues lo hacen. Lo que viene reclamando la ciudadanía, ya la conocen, esa gente a la que se le pide el voto y luego se deja de escuchar, es que les resuelvan los problemas económicos/sociales, y nada más. Nadie quiere la Revolución Francesa ni volver a los rojos y azules.