La actualidad y sus personajes

Fotografía de archivo de Rosario Portolavandeira jrEFE

La actualidad de esta semana –y la de todas-, es tan diversa como sus personajes. No me refiero a la política y sus impresentables, porque ya, al fin, ha solidificado, ha tomado cuerpo una infamia más, cual es la llamada ley Celaá, pero como de este esperpento se ha escrito ya lo suficiente y yo no tengo más cosas que añadir, pasemos a otros capítulos, algunos quizá más frívolos, sí, pero que no afectan tanto al conjunto de los españoles sino a individuos particulares, o a familias, a gentes que conforman el panorama social español y también el de sucesos. Por ejemplo, el suicidio de Rosario Porto, la mujer que presuntamente colaboró junto con su marido al asesinato de su hija adoptiva Asumpta, un caso que nos conmovió durante su investigación y ahora también por el desenlace. El suicidio es la solución que encuentran los desesperados para no seguir soportando el dolor que les produce el arrepentimiento, o, lo que es lo mismo, el remedio de una conciencia manchada por la culpa. También llega a ser el bálsamo de las almas que ya no pueden más con la tristeza y hasta con la amargura. “La obsesión del suicidio es propia del que no puede ni vivir ni morir, y cuya atención no se aparta jamás de esta doble imposibilidad”, dejó dicho muy acertadamente Cioran porque no deja de ser un acto de consuelo para terminar con las noches de insomnios imposibles. ¿Nos estremece? A mí, sí, desde luego, igual que me agitan tantas acciones humanas en las que somos incapaces de situarnos. Por ejemplo, una joven madre soltera deja a su bebé abandonado con un biberón y unas galletas mientras va a disfrutar varios días de vacaciones. Al bebé lo encontraron muerto, claro, y ella está a disposición judicial. A quienes somos madres no nos entra en la cabeza semejante acto atroz e inhumano.

Luego está lo de los hermanos Rivera frente a Isabel Pantoja, madre de uno de ellos. Coincidí con Fran en Espejo Público y me confesó que cuando esto se haya resuelto lo contará todo para desenmascarar a la gente y su codicia. Aplaudo su valentía, su ausencia de pereza y su disposición para demostrar al mundo las sensaciones de quienes se sienten robados. “Tú deberías hacer lo mismo”, me dijo, pero me faltan esas tres virtudes enumeradas en las líneas anteriores. ¿O, acaso, es solo una mezcla de pereza y el asco que me produce recordar a quienes han querido arruinarme y casi lo consiguen? No sé, pero creo que soy más partidaria de mirar hacia adelante y no regodearme en el pasado, si bien una nueva conversación con Fran quizá me refresquen las ganas de volver sobre mis pasos y desenterrar las canalladas que me produjeron cierto descrédito.

También ha dado que hablar, pero en otro orden de cosas, la vuelta de Ana Obregón, que estará el 31 de diciembre en la Puerta del Sol dando la bienvenida al 2021. La vida sigue y esta acción es prueba de ello. Está en su pleno derecho, que los sufrimientos hay que enjugarlos de la forma que mejor nos convenga y de seguro que a la artista le va a suponer una buena subida de tono el volver a la palestra con el cariño de su público que será muy numeroso en la noche más emotiva del año, sobre todo de este en que muchos queremos pegar una patada al aire y mandar al infierno los 365 días en que hemos padecido enfermedad, muerte, desolación y mal gobierno. País de mierda este nuestro que soporta el vapuleo al que estamos sometidos.