Recuperar la normalidad

Transeúntes pasean bajo las luces navideñas, llevando mascarilla, en Vigo, Galicia (España), a 25 de diciembre de 2020
Transeúntes pasean bajo las luces navideñas, llevando mascarilla, en Vigo, Galicia (España), a 25 de diciembre de 2020Marta Vázquez Rodríguez Europa Press

Me despierto el día 1 de enero de 2021 con la ánimo de que el nuevo año que comienza borre los horrores del pasado y lo reduzca a un mal sueño, pero al revisar los datos sobre la tasa de crecimiento de Covid me doy cuenta de que eso no va a ser posible. 18.047 casos, 5.385 más que hace una semana y 148 muertos, 22 más que en la anterior, no auguran que los próximos días nos vayan a ofrecer esperanzas de muchas alegrías. La incidencia de 279,5 por 100.000 habitantes supone el peor dato desde el 27 de noviembre. Y, sin duda, augura el deterioro de los escenarios a medio plazo. Hace unas tres semanas, unos amigos neurobiólogos me anticiparon que las previsiones para el primer trimestre de 2021 no eran nada buenas y que nos esperaba un semestre oscuro, antes de que empezáramos a ver la luz de las vacunaciones. Me resistí a creerlo y pensé que al tratarse de una conversación informal no contenía elementos para la preocupación. Sin embargo, a día de hoy y aún a falta de que pase la semana de la última fiesta, empiezo a intuir que, tal y como me contaron, más allá de las malas prácticas y la irresponsabilidad de algunos ciudadanos por Navidad, el problema son los propios ciclos de esta enfermedad. Y que el que viene, llámese tercera ola o de otro modo, nos va a exigir firmeza en los hábitos de protección e higiene y contundencia en las determinaciones de los políticos –asesorados, esperemos, por los expertos– a la hora de imponer límites a los comportamientos ciudadanos. La buena noticia es que, si somos disciplinados, tal vez en verano podamos empezar a soñar con recuperar la normalidad.