Una deriva suicida

Aplauden a los gorilas que revientan mítines. Acusan a las víctimas de incitar a la violencia. Fomentan la deriva antipolítica.

Alberto Ortega

Contemplaba atónito ayer un debate en TVE. Una contertulia argumentó sobre la provocación de Vox. Entendía que hay lugares donde es mejor no dar mítines. Que sí, que muy mal los insultos y los guantazos contra los oradores y la audiencia. Pero vamos, que lo primero es pedir permiso a la masa, y a sus respectivos cancerberos, para luego ya, si eso, ejercer tus derechos. Antes de hablar comprueba si en un territorio la Constitución está garantizada o fue abolida por un edicto agonístico. Mi admirado Roberto Ramos, comandante de esa editorial modélica llamada Página Indómita, citaba ayer un extracto de uno de los últimos libros que ha publicado, «La revolución rusa», de Rosa Luxemburgo, con prólogo de Hannah Arendt. La «Rosa Roja» sostenía que «La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido –por muy numerosos que estos sean–, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente». De vuelta a TVE y a nuestra comisaria política, le faltó añadir la coletilla homologada, el clásico poco les pasa, vistiendo como visten y hablando como hablan, o sea, como putas constitucionales y marineros en tierra de un país que ha importado la retórica y usos de HB. Una idea de la democracia que criminaliza a determinadas formaciones y a sus votantes, que justifica la violencia política, blanquea las agresiones y finalmente limita los derechos de los ciudadanos. En el caso de Vox y Puente de Vallecas, últimas elecciones generales, el partido de Santiago Abascal fue el cuarto más votado, con 13.171 votos, 12,18% del total. El PP cosechó 15.132 votos, 14%, por 6.317 de Ciudadanos, 5,84%. Ganó la izquierda reaccionaria. Pero caramba, para tratarse de un barrio refractario al fascismo, franquismo, neofalangismo y etc. asombra que el «trifachito», el 10-N, haya obtenido el 32% de los votos. En Villa de Vallecas el porcentaje sube al 40%. Sorprende, sí, pero no importa. Incluso si Vox cosecha cero votos, aunque nadie votara por ellos, la democracia se protege defendiendo su derecho a expresarse y se defiende protegiendo a quienes hacen campaña y hablan allí donde tienen todo en contra, donde los iluminados aspiran a usufructuar el espacio público y donde algunos interpretan que las libertades son derechos graciosamente concedidos por el príncipe, la masa enfurecida, o los clérigos de guardia.

Sigo con Rosa: «La libertad solo para los partidarios del Gobierno, solo para los miembros de un partido –por muy numerosos que estos sean–, no es libertad en absoluto. La libertad es siempre y exclusivamente libertad para quien piensa de manera diferente». A la líder de los espartaquistas, musa de la orquesta roja frente al pelotón de fusilamiento, hoy la calificarían de equidistante con el fascismo o peor. Curiosa concepción que tienen algunos de la democracia militante. Lejos de prohibir los discursos antagónicos del Estado de Derecho disculpan sus atrocidades. Aplauden a los gorilas que revientan mítines. Acusan a las víctimas de incitar a la violencia. Fomentan la deriva antipolítica. Acabará mal.