Un banquero demediado

A Goirigolzarri la junta de accionistas le trató como se debe y procede

Mikel Buesa

Un banquero mal pagado es sólo la mitad de un banquero, pues su menguado sueldo constituye un incentivo para convertirlo en ladrón que birla dinero a sus clientes. Lo vimos en aquella remota época en la que las Cajas se lanzaron a la desaforada carrera de crecer sin freno. Pero hay excepciones, como no podía ser menos. Por ejemplo, se le puede medio retribuir al banquero cuando, como le pasó a Goirigolzarri con Bankia, se le pone ante el reto de hacer viable a una entidad quebrada, además de infiltrada por políticos y sindicalistas de todos los pelajes. Era imposible, pero él fue y lo hizo. Ahora le había llegado el momento de la recompensa al presidir el nuevo Caixabank surgido de la fusión con aquel desecho.

Pero hete aquí que lo que quería Nadia Calviño para el mayor banco de España era un banquero demediado de sueldo reducido. Es lo que pasa cuando una ministra de Economía se mete a sindicalista de medio pelo, haciendo demagogia por doquier para acumular los méritos que le llevarán no sabemos a dónde. Claro que la jugada le salió mal, porque a Goirigolzarri la junta de accionistas le trató como se debe y procede. Pero queda la duda de si los votos del Estado, ejercidos por el gobierno, van a ser como los del perro del hortelano y sólo van a servir para desestabilizar a la entidad.

Yo a Goirigolzarri le tengo mucho respeto, con un toque de admiración, desde que me negó un crédito para hacer política cuando lo de UPyD. No había garantías. Dirigía entonces el BBVA. Y el caso es que unos días después el préstamo me lo dio Miguel Blesa en Caja Madrid con una indolente declaración anexa: «¡Bah! Es poco dinero». Quién lo diría. No pasó mucho tiempo hasta que fue cesado. Rato, su sustituto, certificó la ruina de la caja. De ahí la sacó «Goiri». Y ahora este enorme provecho se le niega por una ministra de méritos burocráticos a la que no sólo le falla la macroeconomía sino también las finanzas. ¡Que Dios nos coja confesados!