La prolongación de la Generación del 39: el caso de César Nombela
Los herederos de la Generación del 39 aceptaron que la apertura no sólo se produjera en economía, sino en todos los planteamientos científicos
foto-autor

No es posible entender la vida intelectual y, en muchos sentidos, la política y la economía dentro de las que estamos actuando ahora mismo, sin tener muy en cuenta el papel notable que se deriva de las ideas surgidas en el previo mundo intelectual, que están actuando, incluso con mucha fuerza, sobre la realidad española. En este sentido, y sobre el papel clave de las ideas, la raíz de esta creencia se encuentra en la frase final de la obra magna de Keynes, Teoría general de la Ocupación, el Interés y el Dinero.

Considero, pues, que no se puede entender ni la historia económica ni la política de España poniéndonos de espaldas a las posturas que se han desarrollado, incluso en forma de importantes oleadas intelectuales, que más de una vez, comenzaron siendo ajenas, en principio, a la economía.

En el concreto terreno de la economía general, la Generación de 1939, de la que ya me he ocupado precisamente en La Razón, tiene una persona clave, sin la que no se entiende casi nada de lo que nos ha sucedido recientemente. Fue la de Enrique Fuentes Quintana –así como lo hubo sido, en la de la II República, la de Flores de Lemus–. Y esta generación del 39 planteó, en lo económico, la exigencia de apertura al exterior, y empapó con muchísima fuerza con este mensaje a todos los ámbitos. Este abandonar los mensajes autarquizantes que, por ejemplo, daba la impresión de que habían triunfado –como demostró Perpiñà Grau–, en 1935, han sido liquidados en la actualidad, y ello también ha sucedido gracias a la sistemática apertura al exterior también fraguada en el terreno de la investigación científica. Por ello, al tomar nota de la biografía de personalidades notables del mundo científico reciente, como es el caso de César Nombela, surge, de inmediato, esa novedad española que se hizo patente, a partir de 1953 y resulta apasionante contemplar su impacto.

Este futuro investigador había nacido en una pequeña localidad rural de la provincia de Toledo; por ello, la enseñanza la comenzó en una escuela rural. Después, dentro del proceso migratorio hacia Madrid, desde esa zona natal, pasó a estudiar el Bachillerato en el Instituto Ramiro de Maeztu y, a continuación, se licenció y doctoró en la Facultad de Farmacia, pasando a experimentar deseos de mayor ámbito intelectual.

El camino hacia él lo destaca Nombela en el ensayo que publicó en las págs. 33-34, titulado Severo Ochoa: de las bases biológicas al análisis económico, expuesto en el libro de homenaje Severo Ochoa. Un científico apasionado (Fundación Carmen y Severo Ochoa, 2007). Ahí vemos cómo explica el primer contacto con las enzimas, un Ochoa centrado previamente en la fisiología de la contracción muscular, desarrollo previo a su trabajo con la enzima glioxalasa y su inhibición por compuestos de las células. Y eso le lleva a Nombela a lograr insertarse en ese mundo en evolución que Ochoa experimentó en sus investigaciones, que le llevarían a conseguir el Premio Nobel, conjuntamente con Kronderg.

Y ese enlace tan especialmente atractivo es en el que pasa a investigar, dirigido por Ochoa, condujo a César Nombela a los Estados Unidos. Entonces, Ochoa ya había pasado a ser un investigador clave en la Universidad de Nueva York y en el Roger Institute of Molecular Biology en New Jersey. Y pasa a trabajar intensamente con él y con un conjunto de discípulos, como aclara en el mencionado ensayo, donde puntualiza esta evolución.

¿Por qué, desde entonces, como Rector de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, y hasta ahora mismo, mostró, la exigencia de abrirse al exterior en el pensamiento? Los herederos de la Generación del 39 –Nombela fue uno de los más destacados–, aceptaron que la apertura, no sólo se produjera en economía, sino en todos los planteamientos científicos. Sin ella, nos encontraríamos con un aumento de los «Males de la Patria». Y Nombela aceptó asumir cambios tan importantes como los generados en el exterior científico, que no tenían lugar en España. Y lo ha mostrado, como le ocurrió a Ochoa o a Cajal, a través de conferencias, de artículos periodísticos y en orientaciones continuas para que España viva en un planteamiento abierto en el sentido que marcan las mentes más privilegiadas, no los asomados a ramplones planteamientos intelectuales.