Inflación turca
El descredito de la lira turca en los mercados internacionales está disparado
Juan Rallo

La inflación en Turquía lleva meses bajo control pero durante las últimas semanas ha terminado por desbocarse.

Recordemos la secuencia de los hechos: a comienzos de este año, los precios estaban creciendo en Turquía a ritmos cercanos al 14%. La receta que los economistas sabemos que funciona económicamente para controlar tales excesos es subir los tipos de interés por encima de la tasa de inflación, de modo que los tipos de interés reales sean positivos y el aumento del crédito se modere (si la inflación está por encima del tipo de interés, los tipos reales son negativos y por tanto endeudarse resulta muy lucrativo). Justamente por ello, el banco central de Turquía colocó a mediados de año los tipos de interés en el entorno del 20%.

Sin embargo, el presidente-dictador de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, es contrario a las subidas de tipos de interés porque cree que pueden frenar el crecimiento económico del país y es sobre ese crecimiento económico sobre el que ha asentado su popularidad durante los últimos lustros. Así, el control de Erdogan sobre el banco central turco ha ido incrementándose durante los últimos meses, forzando a la institución a que baje (en lugar de seguir subiendo) los tipos de interés. Actualmente, se hallan en el 15% a pesar de que la inflación ya está en el 20%.

El descrédito de la lira turca en los mercados internacionales está disparado: desde febrero se ha despreciado un 40% ante el dólar y estos días ha marcado su mínimo histórico (un dólar puede comprar más de 12 liras turcas cuando hace quince años apenas podía comprar 1,5 liras turcas).

La depreciación cambiaria seguirá alimentando la inflación importada y la sociedad turca sufrirá más de lo que ya está sufriendo. Al final, la estabilidad política del propio régimen de Erdogan, ésa que pretendía salvaguardar aun a costa de generar inflación, se verá afectada por la propia inflación.

Las lecciones del caso turco para EEUU o la Eurozona no deberían ser minimizadas. Primero, la independencia de los bancos centrales es crucial para la credibilidad y estabilidad del valor de la divisa. Segundo, tan pronto como exista riesgo de que la inflación se descontrole, ese riesgo se debe atajar con decisión: si escogemos crecimiento por encima de la inflación, nos quedaremos sin crecimiento y sin estabilidad de precios.