Un archivo real

España le debe mucho. Es algo que es incuestionable y los errores finales no empañan ese balance.

El rey Juan Carlos I en Madrid 24 October 2019.
El rey Juan Carlos I en Madrid 24 October 2019. FOTO: USG GTRES

La Fiscalía ha archivado todas las líneas de investigación que afectaban al rey Juan Carlos. La actividad del ministerio público ha sido exhaustiva e independiente y la realidad jurídica es la que se conoció este miércoles. Es una gran noticia, aunque los decretos firmados por el fiscal jefe de Anticorrupción, Alejandro Luzón, ponen de manifiesto los graves errores cometidos por el anterior jefe del Estado. Es algo que no se puede ni debe ignorar. Lo sucedido no disminuye mi admiración y respeto por Don Juan Carlos. Otra cuestión distinta es que hay que separar estos comportamientos éticamente censurables con la extraordinaria labor que realizó durante su reinado al servicio del pueblo español y la democracia. A este respecto no existe ninguna duda. Don Juan Carlos no era un santo laico, pero tampoco el personaje que intenta dibujar una izquierda radical y antisistema que desearía derribar la Monarquía e imponer un proceso constituyente. Lo sucedido es una buena noticia porque cierra una etapa de forma satisfactoria. Es verdad que lo adecuado es que los regalos se hubieran declarado a Hacienda, pero, finalmente, la deuda tributaria fue regularizada en aquello sobre lo que existía obligación. A esto hay que añadir el coste personal sufrido en su imagen y el dolor por las críticas, algunas muy injustas.

España le debe mucho. Es algo que es incuestionable y los errores finales no empañan ese balance. Los españoles ni podemos ni debemos ser ingratos, pero tampoco cortesanos. La Transición fue un proceso ejemplar y tuvo un claro director que fue capaz de llevarla a buen puerto con la ayuda, por supuesto, de políticos de todo signo, empresarios, sindicatos, intelectuales…., en definitiva, de la sociedad en su conjunto. El resultado es una de las sociedades más prósperas y avanzadas del mundo. Mucho antes de asumir la jefatura del Estado tenía muy claro que no podíamos ser una anomalía entre los países de nuestro entorno. España era una dictadura y se tenía que convertir en una democracia plena sin ningún tipo de limitaciones. Cuando murió Franco éramos el único país de la Europa Occidental sometido a un régimen autoritario. El rey tenía todo el poder y decidió devolverlo al pueblo español que era su único y auténtico titular. No solo eso sino que desactivó el golpe de Estado del 23-F y desde entonces fue el mejor embajador de España. Por todo ello merece nuestra admiración y respeto, aunque critiquemos los errores que cometió.