El cabreo nacional

«Sánchez lo tiene complicado, porque hay muchos sectores que salen a la calle para protestar. A esto hay que añadir que la reacción ha sido muy torpe»

FOTO: Isabel Infantes Europa Press

El Gobierno socialista-comunista tiene un problema muy grave. Se ha instalado un estado de cabreo generalizado. Hay demasiadas personas y sectores afectados, pero todo indica que la situación irá empeorando. Sánchez confiaba en una segunda parte de la legislatura favorable, una vez superada la pandemia, gracias a la llegada de los fondos de la UE. Este maná parecía la solución mágica que le permitiría afrontar con éxito las elecciones de 2024. En Moncloa decían confiados que «hay partido» y que la derecha está dividida. El escenario ha cambiado. El pacto de Castilla y León se ha contemplado desde el PSOE y Podemos, equívocamente, como una nueva foto de Colón que tendría un efecto movilizador. Es un grave error, porque la normalización de la presencia de Vox en un gobierno tan simbólico servirá para desmontar la desinformación de la izquierda política y mediática. Es verdad que con este partido utilizan una vara de medir distinta de la que usan con los comunistas, antisistema e independentistas. Sánchez lo tiene complicado, porque hay muchos sectores que salen a la calle para protestar. A esto hay que añadir que la reacción ha sido muy torpe.

Las protestas de los transportistas fueron acogidas con un manifiesto desprecio, que llegó al extremo de descalificarlos tildándolos de minoritarios y ultraderechistas. Unos días después, la movilización es tan abrumadora como inquietante, porque está generando desabastecimiento. Por tanto, no era un paro aislado, sino que se ha extendido por culpa, precisamente, de la incompetencia gubernamental. Otros países sufren problemas similares con la notable diferencia de que han sabido reaccionar con rapidez. Los gobiernos caen por culpa de crisis de estas características. No saber afrontarlas es un error de manual y es lo que ha sucedido. En lugar de hacer una oferta asumible que desconvocara el paro, se optó por la incoherencia e inconcreción. No se les puede pedir un acto de fe, porque los bandazos que hemos sufrido debilitan la confianza. A esto se une una inflación que hace el panorama más sombrío, porque afecta al conjunto de la sociedad. Finalmente, la incertidumbre sobre las consecuencias económicas de la guerra de Ucrania permite augurar, espero equivocarme, una grave crisis cuando todavía no hemos salido de la anterior. Es lógico que exista un cabreo generalizado.