Después de Ucrania

Cuando la crisis ucraniana finalice, pienso que solo van a sobrevivir tres grandes zonas aisladas comercial y financieramente, con un alto grado de autarquía, es decir de autosuficiencia: los EEUU, China y la Unión Europea (UE)

Después de Ucrania
Después de Ucrania FOTO: Barrio

Algún día acabará la crisis que comenzó en Ucrania, no ya con la actual invasión rusa sino en un lejano 2014 con los mordiscos en Crimea y en Dombás. Tarde o temprano alcanzaremos una situación de cierto equilibrio con un conjunto de reglas aceptadas por la comunidad internacional. Pero no será pronto, ni fácil, sustituir la globalización por un orden mundial relativamente estable. Porque la crisis ucraniana creo firmemente va a tener una repercusión mundial que se extenderá bastante más allá de las fronteras de esta atormentada nación. Pero ya ahora podemos empezar a preguntarnos ¿cómo será este nuevo paradigma de la convivencia internacional?

¡Qué equivocados estábamos con las exportaciones rusas! Ingenuamente creíamos que el crudo y su gas natural eran los productos que más vendía en el extranjero y sin embargo, la actualidad nos está demostrando que el miedo es su principal exportación. Miedo al ejército ruso, no por sus capacidades, sino más bien por el uso despiadado que hace de la fuerza contra todo tipo de objetivos, incluidos los civiles. Por su falta de escrúpulos. Pero miedo, sobre todo, a sus amenazas nucleares que, de materializarse, podrían arrasar nuestra civilización, incluida naturalmente la vida en Rusia tal como hoy la conocemos. Pero es que aunque logremos evitar el holocausto nuclear, la globalización actual está en peligro por algo anterior a las amenazas del Sr. Putin. La pandemia de la que estamos saliendo lentamente interrumpió las cadenas de transporte fácil –y por lo tanto barato– que habían hecho posible una globalización de la producción y el consumo que saco de la pobreza a muchas regiones del mundo, incluida China a partir del 2001. Aunque también permitió transmitir todo lo malo para la convivencia internacional como un populismo de nuevo cuño y un resucitado nacionalismo opuesto al liberalismo individualista. Un cierto miedo a depender de los «otros» ya se había extendido antes de que Putin amenazara a los europeos con cortar el grifo de la energía. El egoísmo irracional que Occidente está mostrado con su negativa a compartir gratis las vacunas contra el covid-19 también ha contribuido a debilitar la idea de globalización, pues sino compartimos la cura contra una amenaza universal ¿cómo podemos convencer a los países que es bueno producir mercancías y productos en común? Si una pandemia que amenaza a toda la humanidad no nos une ¿cómo nos puede unir una idea comercial? Los limitados niveles de almacenamiento consustanciales hasta la fecha con la producción barata empiezan a romperse ante la inseguridad del transporte causada por las catástrofes naturales –como el covid– o provocadas por coacciones humanas como las del Sr. Putin. Esto va a transformar el comercio mundial acabando con el sistema de especializar naciones en diferentes segmentos de producción. Ante la desconfianza en el suministro de componentes o materias primas, todos vamos a perseguir el máximo nivel de autosuficiencia posible.

Cuando la crisis ucraniana finalice, pienso que solo van a sobrevivir tres grandes zonas aisladas comercial y financieramente, con un alto grado de autarquía, es decir de autosuficiencia: los EEUU, China y la Unión Europea (UE), esta última si es que logra abandonar su ingenuidad geopolítica y se dota con instrumentos de defensa propios. El mercado interior de una China próspera le permitirá no depender de su agresiva expansión actual, si es que logra alcanzar un acuerdo de coexistencia en Seguridad con los EEUU. Norteamérica históricamente siempre ha coqueteado con la idea de la autosuficiencia. Y Europa, si la tecnología le permite algún día encontrar nuevas fuentes de energía –lo que es probable– también logrará no depender de los demás. Pero después de lo de Ucrania surgirán dos agujeros negros, uno inmediato, otro más tarde. Rusia, debilitada comercialmente, con un rublo arruinado e internacionalmente aislada será origen permanente de problemas, incluso después que el Sr. Putin se haya marchado. Las armas nucleares y el herido nacionalismo del pueblo ruso se dibujan como fuentes de inestabilidad para la convivencia mundial. El segundo agujero negro –causa permanente de problemas internacionales – que se adivina para cuando logremos descarbonizar la economía mundial es el Oriente Medio si es que sunitas y chiitas no han logrado tolerarse para cuando llegue dicho momento. El Reino Unido y su esfera anglófila, sin una moneda común y alejados geográficamente entre sí, lo tiene difícil para prosperar en este escenario de autarquía general; su tendencia a acercarse a los EEUU les puede convertir en un mero satélite sin protagonismo mundial real. Otras grandes zonas del mundo –la América latina, África y el resto de Asia, quedarán convertidos en espectadores y proveedores de recursos, pero lejos del protagonismo de EEUU, China y Europa convertidas en tres islas auto suficientes; aunque con una menor prosperidad que la actual globalización pues la autarquía siempre tiene un precio.

Así veo yo la convivencia mundial futura a la que el Sr. Putin con su exportación masiva del terror está contribuyendo, aunque ya el egoísmo de otros muchos había sembrado previamente la desconfianza general. El uso de los recursos como arma va a transformar la convivencia internacional.

Ángel Tafalla. Académico correspondiente de la Real de Ciencias Morales y Políticas y Almirante (r)