Una sentencia histórica por la Vida

Jorge Fernández Díaz

Tal y como se conoció por una filtración a través de un medio estadounidense, la Corte Suprema del país ha anulado la conocida como sentencia «Roe vs Wade», de 1973 que reconocía el aborto como un derecho constitucional durante los tres primeros meses del embarazo. Por una cualificada mayoría de seis votos contra tres, el Tribunal ha considerado que la Constitución de los EEUU de 1776 con sus sucesivas enmiendas, no reconoce tal inexistente derecho, el cual compete a los legisladores estatales regularlo. Es evidente que este Fallo significa un punto de inflexión en la batalla política que por la defensa de la Vida del concebido y no nacido en el seno de su madre, se sostiene en el mundo Occidental. El alcance de los efectos del mismo, se irá conociendo con el transcurso del tiempo, pero basta remitirse a lo que significó esa sentencia en favor del aborto en su momento, para imaginar las consecuencias de su anulación ahora casi 50 años después. De momento, cerca de la mitad de los Estados de la Unión –de mayoría republicana– ya tienen anunciados proyectos para regularlo en un sentido claramente restrictivo, incluso con la denominada «claúsula de aplicación inmediata» en su actual legislación ante la hipótesis de que se produjera lo que ahora se ha hecho realidad judicial. No debe sorprender que este tema levante una gran polémica y controversia, dado lo que subyace en el debate, que es nada menos que la vida de un ser humano en gestación, con inevitables conexiones éticas, morales, científicas además de religiosas. La misma denominación del aborto como una mera «interrupción voluntaria» del embarazo, ya es un eufemismo para ocultar la dramática realidad de que «no se interrumpe nada», sino que se «destruye» la incipiente vida de un ser humano. Desde un punto de vista científico, es indiscutible que, desde el mismo momento de la concepción, en esa minúscula realidad biológica, está contenida en potencia toda la inmensa grandeza de un ser humano, varón o mujer, único e irrepetible en el cosmos, capaz de amar, pensar, crear…, como ninguna otra criatura es capaz de hacerlo. La robótica, la inteligencia artificial, la hibridación, la tecnología digital, el transhumanismo... podrán aspirar a crear otro ser humano sin las limitaciones propias de nuestra naturaleza. Pero a lo sumo que llegarán será a fabricar robots, meras máquinas más o menos sofisticadas pero carentes de alma y espíritu. Que nuestro legislador nacional pretenda limitar la objeción de conciencia frente al aborto por parte del personal sanitario, invita a reflexionar. Esta sentencia va a ayudar mucho a hacerlo en la dirección correcta de la historia.