Europa

Más OTAN ante un Putin envalentonado

La Cumbre de Madrid ha consagrado un cambio de época tras la invasión de Rusia en Ucrania

El secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg llega ayer a la sala de prensa de Ifema en Madrid
El secretario general de la OTAN Jens Stoltenberg llega ayer a la sala de prensa de Ifema en Madrid FOTO: Bernat Armangue AP

Durante tres días España ha estado en el centro de la escena internacional al acoger la Cumbre de la OTAN en los pabellones de Ifema. El encuentro en Madrid ha consagrado un cambio de época. La cumbre es histórica. La invasión de Rusia en Ucrania ha forzado un cambio fundamental en el enfoque de seguridad de la Alianza Atlántica. Rusia ha pasado de ser considerado como «un socio estratégico» en el Concepto Estratégico aprobado en la Cumbre de Lisboa en el año 2010 a ser identificado como «una amenaza significativa y directa» en la nueva hoja de ruta de 2022. Doce años para regresar a la casilla de salida de la OTAN. La Alianza recupera su misión original. Los socios desempolvan la doctrina de la Guerra Fría con el fin de contrarrestar a Rusia. «Moscú ha optado por la confrontación», aseguran. Los aliados deben funcionar con una amenaza de Rusia menos hipotética y difusa después de cuatro meses de bombardeos encarnizados en Ucrania. Para ello, Estados Unidos renueva su papel protector con el continente europeo. La prolongación del conflicto ucraniano durante meses o años amenaza la unidad de Occidente por lo que Washington debe asegurar un alto nivel de asistencia a sus socios. Para los estrategas estadounidenses ansiosos por priorizar a China como el gran adversario del siglo XXI, la guerra de Ucrania ha devuelto a Rusia su condición de potencia desestabilizadora. Los aliados también reconocen a China como un rival sistémico. Para la OTAN, los dos regímenes autoritarios están juntos en su pretensión de socavar el orden internacional basado en reglas implementado después de la Segunda Guerra Mundial. Cualquier escenario que pueda poner en peligro la integridad territorial de los aliados e incluso esbozar el uso de las armas nucleares –tan presentes en la retórica de Vladimir Putinrepresenta una amenaza existencial que debe ser neutralizada. Europa ha sido el escenario de las dos guerras mundiales (y no se puede descartar que sea el de la tercera).

Como muestra del compromiso americano con sus socios, el presidente Joe Biden ha anunciado un refuerzo militar por tierra, mar y aire del flanco oriental. Estados Unidos va a aumentar sus tropas en 20.000 efectivos hasta llegar a los 100.000 soldados. Rusia concentró 120.000 militares en la frontera con Ucrania antes de iniciar la incursión terrestre. Los aliados se han comprometido a obtener una fuerza de reacción rápida capaz de poner en alerta a 300.000 hombres. Tropas al servicio de la disuasión.

La Cumbre de Madrid también será recordada por haber dado la bienvenida a Suecia y Finlandia. La víspera de la cita el presidente Erdogan levantó el veto para la histórica adhesión de los países nórdicos a cambio de los F-35 estadounidenses. La guerra de Putin en Ucrania ha terminado de convencer a Estocolmo y Helsinki de abandonar su estatus de neutralidad, un principio cardinal de estos dos países. Con su próxima incorporación, la OTAN compartirá más de 1.000 kilómetros de frontera con su enemigo directo. Asimismo, en esta cita ha quedado claro que la seguridad tiene un precio. Los aliados, entre ellos España, empiezan a entender que el 2% en defensa más que un techo de gasto es un peldaño de la escalera. Como dice un refrán finlandés: «Nada bueno viene de Oriente...excepto el sol».