Tareas pendientes para hombres

FOTO: A. Pérez Meca Europa Press

Sudoración. Sucede cuando el hipotálamo envía impulsos nerviosos por todo el sistema, como una reacción natural ante la verborrea feministoide. La mayoría de los hombres producen adrenalina, cuando escuchan el término “hetero”, lo que hace que la frecuencia cardiaca aumente y las pupilas se dilaten. Queridos lectores, ¿tienen taquicardia, aumenta el ritmo de su respiración, la conductancia de la piel y el tono muscular, llegando incluso al agarrotamiento cuando les hablan de “masculinidad hegemónica” y/ o de “empoderamiento femenino”?

Todo lo relativo al heteropatriarcado, igual que la palabra feminismo hace que la los varones actuales se yergan, pensando que les va a caer un cubo de agua fría (sin hielo) adjudicándoles los delitos de acto y omisión que han ocurrido en la historia desde que adquirimos la bipedestación.

Sin embargo, no debería ser así. El patriarcado, ya saben, ese sistema donde los hombres ostentan el poder y liderazgo, autoridad y control que nos ha guiado amorosamente desde Abraham, y que cumplió su función seguramente en Canaan, ha dejado de ser necesario y está muy alejado de lo óptimo incluso para ellos mismos. Para comprobarlo basta con hacer una sencilla pregunta abierta en RRSS:

“Hombres de las redes, hombres del mundo ¿cuáles son los inconvenientes de la masculinidad convencional a los que se enfrentan actualmente?”

Cuando se formula esta pregunta _yo lo he hecho hace unos días_ todas las respuestas tienen algo en común, que las desventajas provienen del heteropatriarcado y sus exigencias, que atenazan a los hombres casi tanto como a las mujeres.

A continuación, algunos de los comentarios, quejas y deseos de cambio masculinos en la sociedad machista que juntos llevamos a cuestas:

Pagar por defecto: hace mucho tuve una cita con un ingeniero bien posicionado que se tiró la mitad de la cena narrándome su indignación hacia las que se creían merecedoras de invitaciones tan sólo por ser mujeres. Al terminar, casi me caigo de la silla para sacar la tarjeta del bolso como Billy El niño. Me pareció un zafio, aunque tenía razón en lo esencial, no es equitativo que el hombre pague porque tiene nuez.

Expresión de inseguridades: los hombres, al igual que las mujeres se sienten inseguros con respecto a algunas regiones de su anatomía, en silencio. Por el contrario, cuando se vienen arriba y se hacen un selfi resultan ridículos, aún más que las mujeres, dado que todavía no ha llegado la esperada utopía feminista a repartir responsabilidades.

Crearse una imagen: parece una estupidez, pero no lo es, las mujeres podemos maquillarnos, peinarnos de mil maneras, ir con vestido de volantes, minifalda, pantalones de cuero o un mono de trabajo con zapatillas, en función de las necesidades del día y de nuestro estado de ánimo; los hombres, todos los hombres del planeta, visten igual, pantalones, camisas y camisetas en tonos pardos día tras día, toda una vida. Y ¡Sin bolso!

Recibir flores: las flores son una verdadera locura filosófica y estética, quien no haya reparado en su belleza absurda y aparentemente fortuita (que ni el mejor artista, diseñador o ingeniero podría desarrollar) no tiene ojos, ni alma y no se las merece. El resto sí, sea hombre o mujer.

Postureo intelectual: Sócrates decía ‘solo sé que no sé nada’, bien, nosotros sabemos mucho menos que él, por lo que sería refrescante reconocerlo. ¿Quieren, hombres del mundo, hacer el favor de preguntar o pedir indicaciones cuando se pierden caminando o en el coche?

Ser objeto de empatía: “lo malo de ser hombre _me escribió uno de ellos_ es que eres prescindible y lo sabes”, “la desechabilidad masculina” añadió otro “lo que te ocurra o cómo te sientas no interesa, menos aún si cerca de ti se lamenta una mujer”.

Exposición a los peligros: algunas mujeres mueren de manera violenta y está bien que los gobiernos tomen medidas al respecto, pero los hombres, han estado expuestos a la guerra y la violencia desde el Big Bang, desde el patio del colegio, como si fuera ¿su obligación? ¡¡Las mujeres y los niños a los botes salvavidas! Los hombres … ¡Hombría!

Impostar hombría: cuando un hombre tiene un problemón, es difícil que se desahogue y reciba la compañía y compasión de sus amigos, que no acudirán a casa o le llamarán por teléfono con un montón de horas por delante para desmadejar o neurotizar el asusto desde todas las perspectivas posibles.

Ir a terapia: Por regla general, los hombres, ocultan y enquistan sus necesidades afectivas, espirituales y sociales; jamás despresurizan la olla del dolor hablando _ Y ¿qué tal unas sesiones de terapia? _Eso jamás, no lo necesito y ¡¡no estoy loco!!.

Mostrar vulnerabilidad: lo antes expuesto se debe a que los ojos del sistema heteropatriarcal, por los que nunca ha rodado una lágrima, les observan, o eso creen ellos. Sin embargo, el llanto es saludable y ansiolítico. Y un abrazo, más. Por el contrario, reprimir los sentimientos puede ser, y estoy segura de que es, motivo de una posterior canalización inadecuada de la ira: infelicidad, ansiedad, úlceras, infartos, adicciones, violencia…

Bailar: Y ¿si sofocamos las tensiones con unos bailecitos? _¿Me has tomado por un imbécil? _¿Tejiendo? ¿Quieres coser una manta de patch-work? ¿Pintar mandalas? Reflexiono ¿Por qué los hombres no invaden pacíficamente estos amables territorios femeninos, mientras que las mujeres, hemos irrumpido con fuerza en todas las parcelas “supuestamente masculinas”? A saber, los deportes, el ejército, el sexo… Porque sienten vergüenza cuando se feminizan. Porque lo relacionado con las mujeres no aporta prestigio, sino que ha sido devaluado y denigrado en la historia por siglos.