Una gran lección de José Luis Mendoza

Se caracteriza la UCAM por su afianzamiento en sus raíces y fundamento en Jesucristo, como el mismo José Luis, testigo del Evangelio

Antonio Cañizares

“Cuando un amigo se va, algo se muere en el alma”. Piensen en cómo ha podido quedar, mi alma, herida y desolada, pero con ánimo y aliento, cuando, en poco más de una semana se han ido, llamados por el Señor de la Vida junto a Si, dos amigos entrañables: Benedicto XVI y José Luis Mendoza, fundador y presidente de la Universidad Católica San Antonio de Murcia.

Pero junto a la soledad en la ausencia, he sentido la consolación de estos grandes y fuertes amigos de Dios que han renovado y hecho vivir, una vez más, en mí, la verdad de la afirmación de Benedicto XVI, de Santa Teresa de Jesús y de José Luis, y de otros muchos, más de lo que aparece: “Sólo Dios”, porque en Él, revelado en Jesucristo, está el verdadero futuro, la Verdad. La memoria de ambos me ha consolado ante estas dos muertes tan próximas.

Uno y otro me han mostrado y hecho experimentar de verdad que por encima de la fe no hay nada que venza la muerte y la ausencia por la muerte, de personas tan queridas entrañablemente. Los dos han manifestado en sus personas, en su actuar, en sus palabras y en sus obras a Dios que es Amor, Presencia permanente, inacabable, la Verdad que se realiza en el amor, revelado en Jesucristo, y que libera. Uno y otro nos han enseñado, con su palabra y su vida, que vivir con ese horizonte de “sólo Dios”, todo cambia y se vive de otra manera; vivir esta Verdad, como ellos, que no quisieron otra cosa que hacer lo que Dios quería, y que no buscaron poder, ni dinero, ni llevar a cabo otro proyecto que el que Dios había señalado para sus vidas, el de la verdad que se realiza en el amor y hace libres, el de no poseer sino dar y darse por completo sin buscar honores y triunfos, simplemente amar, amar sin llevar cuentas ni medidas, esto es, confiar en Dios y amar: nada más.

Por eso, ahora, su muerte, la vivimos –al menos yo- como el paso de dos buenos samaritanos que se han acercado a curar, sin pasar de largo, y sin dejarnos sin compañía con la herida de la ausencia, del dolor y del llanto contenido, y abriéndonos a la esperanza de su paso entre nosotros con el bálsamo sanante del amor y de la verdad, de la fe que nos libera y llena de admiración, asombro y alegría en el camino como sucedió a los caminantes de Emaús.

He conocido muy de cerca y seguido muy de primera mano la gran obra de José Luis Mendoza, que es y ha sido su familia y la UCAM: ambas realidades inseparables. Como estimaba el Papa Benedicto y dijo: “gracias a su familia -su mujer, Lola, y sus catorce hijos- esta Universidad ha sido hecha posible”, y ,con ella, la defensa de la verdad y los derechos humanos fundamentales y la colaboración en la construcción de una nueva humanidad, la gestación y edificación de una sociedad fraterna, de una fraternidad que respira el amor, la solidaridad, la dignidad de la persona, de la persona de todos, el bien común … Solo la familia, edificación, del amor, puede ser artífice de una Universidad tan defensora del hombre y de Dios, en hechos y palabras, como ésta por medio de un instrumento en manos de Dios,-, su presidente José Luis Mendoza-, que con su libertad, y su grito en defensa de la Verdad que es Jesucristo, y de todos los hombres singularmente de los más pobres.

Además de, y junto a su crecimiento rápido y a su innovación y calidad universitaria, se caracteriza la UCAM por su afianzamiento en sus raíces y fundamento en Jesucristo, como el mismo José Luis, testigo del Evangelio. En todo momento, por ejemplo, en sus discursos programáticos al inicio de nuevos cursos o de balance a final de los mismos, en sus intervenciones diversas tan libres y fogosas, José Luis no ha perdido la ocasión para dejar muy claro, con sus palabras y gestos, que el fundamento de esta Universidad es Jesucristo, y la familia, la Verdad, la defensa en libertad de los derechos humanos, la oposición total a las ideologías destructoras del hombre y a las búsquedas de poder por parte de algunos, a quienes molestaba tanto José Luis con su libertad y crítica, no callada. José Luis, con su esposa y sus hijos, sin duda, han hecho una Universidad pionera, además de su calidad científica, pedagógica, y estructural, en las dimensiones mencionadas. Dios lo sabe y conoce, con la gracia de Dios en la que ha puesto toda su confianza, y de ahí José Luis ha hecho una Universidad, -juntas en ella, sin confusión ni absorción, la razón y la fe-, que brilla en el panorama universitario, entre otras cosas, por su ayuda solidaria al tercer mundo y a situaciones de pobreza y dolor, ¡tantísimas! Siguiendo la máxima evangélica que no sepa la mano derecha lo que da la izquierda, no ha alardeado de sus grandes ayudas, no ha alardeado de su compromiso social, derivado de Dios y de su amor, pero ha sido muy grande. Obras son amores… . Pero ahí está una de las razones por las que esta Universidad se caracteriza y brilla, obra del amor, del que seremos juzgados al final de nuestros días, de José Luis y de Lola, su querida esposa, de su familia y de él, que aprendió de Benedicto XVI que “sólo Dios, revelado en Jesucristo” debería ser el horizonte de la Iglesia, y esta Universidad es una obra de la Iglesia, de la caridad de la Iglesia en todo. José Luis ha sido un hombre de comunión eclesial, con el Papa siempre, fuese quien fuese. Una gran lección, ¡hermosa, esperanzadora y con futuro! nos ha enseñado José Luis Mendoza con su vida y su obra. Descanse en paz. Descanse en Dios, en “sólo Dios”, José Luis Mendoza.