
El buen salvaje
Ábalos, entre Edmundo y Leonardo Dantés
El ex del consejo de ministros se mueve entre Lucky Luciano y El Dioni, que también se hizo experto en mulatas cuando escapó a Brasil
La venganza se prepara en el puchero del rencor y la mala baba entre las rejas de Soto del Real. Las declaraciones de Ábalos y Koldo antes de entrar en prisión ya enseñan la patita del lobo que se comerá a Caperucita, delgada como por encanto de Ozempic. Lo avisó el abogado del ex ministro y superjefe del PSOE que ahora nadie conoce. No se puede ser más perro, no Sánchez, ni Ábalos, de los que ya sabemos el pienso (luego existo) que comen sino toda esa cuadrilla de socialistas que ahora muerde la mano que le dio tanto alpiste de farlopa (polvo enamorado). El letrado comparó a su cliente, Ábalos, con el conde de Montecristo, el mejor héroe de Alejandro Dumas, que acabó con sus huesos en el castillo de If por la envidia de Fernando Mondego, que ansiaba a su prometida Mercedes, fortaleza de la que logró escapar con un mapa del tesoro. Convertido en un noble rico, Edmundo Dantés planeará una venganza sin límites. Si este es el prototipo de Ábalos, nos espera una serie de varias temporadas, si bien en la era de Tik Tok cualquier historia queda resumida en lo esencial, o sea, así lo pronostica su ex mujer, Carolina Perles (Sweet Caroline) en las televisiones donde le pagan: morirá matando. Como en los diez negritos de Agatha Christie, caerán uno a uno, desde María Jesús Montero, la que ponía la mano en el fuego, hasta los habitantes de la casa deshabitada, léase Moncloa.
Ábalos, pues, quiere ser Dantés (Edmundo) cuando muchos lo veían más en el papel de otro Dantés (Leonardo), el del tamarista baile del pañuelo, cuando le hacían chanzas mostrándolo con una personalidad chusquera y cutre. Nuestro héroe mosquetero se aposentará en la cárcel donde entablará amistad fácilmente gracias a esa campechanía superviviente por la que lo mismo frecuentaba a señoritas que se subía a la tribuna del Congreso a mentir sin pestañear. El ex del consejo de ministros se mueve entre Lucky Luciano y El Dioni, que también se hizo experto en mulatas cuando escapó a Brasil. La diferencia es que para la parroquia El Dioni robó el dinero de los ricos para dárselo a los pobres (él mismo) y Ábalos robó (presuntamente) el dinero de los pobres para dárselo a los ricos (la cuadrilla del Peugeot). No tendrá problemas en relacionarse con sujetos con los que intercambiar tabaco y fotos subidas de tono.
La platea siente conmovida cómo el miedo serpentea por la entrepierna de los y las que quedan por caer, esperando la palabra certera de Ábalos, cuando el conde desnude desde su mazmorra las vergüenzas de otros.
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