A la playa con tableta

El mar, las tapas, una copa, buena compañía y un buen libro parece un cóctel atractivo para que las vacaciones nos sirvan como relajante paréntesis a la rutina. En ese escenario de excesos culinarios, paseos a ninguna parte con ritmo cansino y juegos con los niños, si es que se cuenta con descendencia, no parece tener sitio ningún elemento que nos recuerde que en unos días volveremos a la actividad habitual y puede que a la extenuante, aburrida o estresante vida de oficina. Hace unos años incluir en nuestro equipaje un ordenador era algo impensable, luego llegaron los portátiles cada vez más ligeros y pequeños dotados de internet con un "pinchito"y los teléfonos inteligentes, con lo que la vida a pie de chiringuito sin saber lo que pasaba en el país o cómo le van las cosas a amigos y conocidos es algo reservado hoy a los pocos "privilegiados"que, de forma estoica y encomiable, se resisten a vivir esclavizados de las nuevas tecnologías. No es el caso de Baby Chip, que en su tierna existencia ya ha caído en las redes de la ciberadicción. El año pasado, la vida dio un giro cuando para saber los resultados de los aburridos partidos de pretemporada bastaba un móvil y se podía romper con la quasi sagrada tradición de comprar un diario deportivo en agosto para leerlo bajo la sombrilla. Este verano, hemos querido ir más allá y al apartamento en una localidad levantina se ha venido una moderna tableta. Quería ver si iba a sacarle partido o pasaría de ella para dedicarse al noble arte de no hacer nada.

Ante la opción de una potente Samsung Galaxy 10.1 (el modelo nuevo de la marca surcoreana), Baby Chip ha preferido esta vez probar con un dispositivo más pequeño y manejable, el BlackBerry Playbook, que viste siete pulgadas. De este modo podría llevarlo encima si era preciso conectarse a una red WiFi en plena calle. A la hora de viajar y salir de la comodidad de la residencia habitual, el tamaño de una tableta pequeña (también podía haber sido la popular Galaxy Tab de 7 pulgadas) se presenta como una ventaja. En el caso del Playbook, en escenarios hostiles, además del tamaño, se agradece su cubierta de goma en los laterales y la parte posterior.

En un hotel otro gallo cantaría -o no, ya que los precios abusivos para conectarse a internet son frecuentes-, pero en un apartamento lo normal es que no haya conexión WiFi. Así que la solución pasa por conectarse a través de la tarifa plana del móvil. El Playbook viene preparado para enlazarse con sus hermanos pequeños, los teléfonos BlackBerry. Otras tabletas pueden conectarse con más teléfonos. Pero la experiencia con esta solución de emergencia es algo limitada. Que nadie espere milagros. La conexión a Internet viene de la mano del móvil funcionará a las mil maravillas a la hora de consultar el correo electrónico, ver páginas de información, redes sociales, etc. Pero si se le olvidó cargar en la tableta las películas o series que quería ver desde el sofá no se las podrá descargar en su destino vacacional. Lo mismo ocurre con las aplicaciones, mejor bajárselas antes de la partida con la potente conexión doméstica. Sin embargo, basta pasear un poco para darse cuenta que, con el retraso habitual de algunas cosas en este país, cada vez es más fácil encontrar un punto de conexión en una heladería, un restaurante o una cafetería.

Por otra parte, Baby Chip, que es precoz y ya sabe leer, se planteó la posibilidad de que provisto de tableta pudiera cargar varios ebooks o libros electrónicos y no tener que acarrear con pesadas novelas de autores bestseller. Bueno, si somos realistas esta opción puede materializarse en la vivienda o en la piscina de la urbanización si la hubiere, pero señores esto no es Suecia o Japón, si baja la tableta a la playa o quiere leer en un banco del paseo marítimo lo normal es que se la roben, pues un producto que ronda los 500 euros es muy goloso, aunque el caco playero no sepa ni encenderla.

Los juegos son otra opción de entretenimiento en las silenciosas tardes de siesta general, pero la mayoría son simplones y tras un rato uno se cansa. Gracias a las pantallas de gran resolución que acompañan a las tabletas de alta gama, puede disfrutar de todas esas películas y series que nunca pudo ver durante el año. Fastidiar a los amigos a través de las redes sociales contándole qué bien se lo pasa tomando unas sardinillas a la orilla del mar también algo obligado tableta en mano. A pesar de carecer de un teclado físico (se puede llevar como accesorio, pero pierde la gracia, para eso mejor coger el netbook) es cómodo responder a los correos electrónicos o escribir pequeños textos. En resumen, si le gusta estar al tanto de la actualidad la tableta se lo pondrá mucho más fácil durante su descanso playero. Que no es imprescindible, no lo es, pero si vivir sin internet es un sano ejercicio para muchas mentes cansadas, también es un suplicio para otros tantos. Para algunas personas vivir sin saber qué ocurre, chatear con sus amigos o ver vídeos de You Tube es como volver a los tiempos de Verano Azul con Chanquete refunfuñando y chicos con bicis BH y sandalias cangrejeras en lugar de chanclas. Para esos, el verano siempre será mejor con una tableta bajo el brazo.