El ahorro y la felicidad

Al parecer, se puede. No es que lo dudara, pero los datos lo demuestran. No niego que habrá excepciones que deberían tenerse en cuenta, pero creo que esta política farmacéutica funciona: no sólo ahorra dinero público sino que evita el despilfarro y pone freno al abuso de algunos con las recetas y el fraude de las tarjetas sanitarias. La ministra de Sanidad, Ana Mato, se muestra muy contenta y ha dicho que «entre todos hemos sido capaces de ahorrar casi 1.107 millones de euros en seis meses». Entre todos no, ministra, hemos sido nosotros, los ciudadanos, los de siempre, los que ahorramos y nos rascamos el bolsillo para que otros se lo lleven abierta y descaradamente. Está muy bien esto de ahorrar.

Claro que estaría mejor hacerlo sin saber que nuestro esfuerzo ahorrativo acaba en alguna cuenta suiza de cualquier político sinvergüenza o en mangoneos varios repartidos entre los politicastros, lejos de reinvertirse en beneficio del ciudadano. Y es que ahorrar para que se lo lleven otros no mola, al menos a nosotros. Últimamente veo a los ministros excesivamente felices y contentos para como estamos los ciudadanos, y esto da que pensar. Su felicidad y su sonrisa es inversamente proporcional a nuestros esfuerzos y penurias. Entre lo que hemos ahorrado sólo en medicamentos y lo que ha recaudado Hacienda sólo en impuestos, y no precisamente a los ricos, que le ha llevado al orgasmo al señor Montoro, no sé si va a quedar algo que poder gastar. Se ve que no saben aquello de que quien ríe el último, ríe mejor. Quizá se estén riendo demasiado pronto y demasiado alto.