El complot del vodevil

Pleno monográfico sobre la gestión de las residencias en el Parlament catalán
Parlament catalán vacíoDavid Zorrakino Europa Press

Entre 1933 y 1936 los dirigentes de la Generalidad catalana condujeron a Cataluña, y en buena medida a España, a un callejón sin salida que empezó como un vodevil y acabó en una guerra fratricida. Uno de los personajes más oscuros del periodo fue Joan Casanovas, fundador de ERC, presidente del Parlament de Catalunya desde 1933 y vicepresidente de la Generalitat. Hombre de vida dispersa, amante de la cupletista del paralelo Margarita Carvajal «La Mayata» y organizador del conocido «Complot de Noviembre» de 1936, que pretendía asesinar a Lluís Companys, detener a los revolucionarios y pactar con Franco el fin de la guerra.

Casanovas, procedía del grupúsculo «Estat Català», integrado en ERC, fiel amigo de Miquel Badía (el jefe de la policía catalana, conocido como el «Capità collons»), y enfrentados ambos a las veleidades revolucionarias de Companys y sus acólitos. Badía fue eliminado en abril del 36 por un grupo anarquista dirigido por Justo Bueno (jefe de los servicios de información de la CNT) y, según recientes investigaciones, cumpliendo órdenes emanadas por Lluís Companys, todo ello para salvar el honor de la amante del President. La historia, tétrica y enrevesada, se inició en 1933 en un hospital de Manresa, tras un fogoso encuentro sexual entre Miquel Badía y Carmen Ballester, la que al cabo de unos años sería la segunda esposa de Companys tras un ritual de misas negras ante la cama donde falleció el president Macià. Mujer de belleza rutilante y casada con Joan Duran, amigo de actividades políticas de Badía, estos sufrieron un accidente de automóvil, a resultas del cual Badía fue hospitalizado y Duran dado de alta inmediatamente. La Ballester se trasladó a Manresa para visitar a su esposo, que creía malherido, pero se encontró en la habitación con el fornido «Capitán Collons», la chica presa de gran furor uterino mantuvo relaciones con Badía en la habitación. Años después, los celos de Companys contra Badía por la exhibición impúdica que hacía de su conquista, precipitó la tragedia. El odio entre los amantes de la Ballester, provocó el desastre organizativo del golpe de Estado del 6 de octubre de 1934, que culminaría con la descoordinación en la defensa de la Generalidad, donde Badía era el jefe superior de la policía catalana y Companys, el inductor para regocijo de su amante.

Años más tarde, y en plena Guerra Civil, Casanovas organizó la venganza, y planeó el magnicidio presidencial junto al comisario general de orden público Andreu Revertés (personaje de dudosa moralidad e implicado en varias muertes, como la del confidente policial José Martínez «Pepe el de la Criolla»). Descubierto el complot el 24 de noviembre de 1936, Revertés fue arrestado y conducido al castillo de Montjuïc, donde fue asesinado inmediatamente. Casanovas ante el cariz que tomaban los hechos emprendió una prudente huida hacia el exilio.

En estos últimos años, los dirigentes separatistas quieren emular la insurrección catalana de 1934, emulando rudamente las parodias esperpénticas, con declaraciones rupturistas, líderes corruptos, coreografías variadas y amantes muchas. Esperemos que esta vez el final del proceso separatista no sea una tragicomedia y se quede todo en un vulgar vodevil.