Podemos

El delito y la piel fina

La Razón
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En el reciente debate de investidura hemos asistido a una nueva demostración de la actitud, la forma y el lenguaje con el que el líder de Podemos y su grupo se producen públicamente y se pasean por las instituciones. Se atribuyen patente de corso para insultar, difamar y agraviar a cualquiera, pero no aceptan que nadie les conteste con la misma contundencia a sus insultos, faltas de respeto y bravuconadas. Y menos aún, que la Presidenta del Congreso les aplique el Reglamento y les impida seguir con su espectáculo.

El señor Iglesias se ha permitido llamar corruptos y delincuentes (presuntos) a los miembros de otros grupos de la Cámara, y ante su queja, de manera chulesca y con ese talante dictatorial propio de los sistemas políticos que adula y venera y de los que saca recursos para él y su organización, les ha mandado callar. Al igual que ha insultado al señor Rivera llamándole ignorante. Y ante la queja de sus Señorías su grupo reía y babeaba con su “machoman”. Pero cuando otros portavoces le han respondido con contundencia poniendo de manifiesto su vinculación con esos países o su apoyo al brazo político de ETA y sus miembros, han saltado de sus asientos indignados, porque su fina piel no está hecha para soportar sus propias actitudes. Pero quien ha dicho que la Venezuela de Chaves era un ejemplo a seguir, que era un demócrata y ha recibido pagos de ese régimen por difundirlo y defenderlo al igual que con el régimen iraní ha sido el líder de Podemos y sus compañeros. Quien ha justificado el terrorismo de ETA por razones políticas, defendido que Otegui era un preso político y prestado su apoyo a Bildu para que gobierne en Navarra y el País Vasco es el Sr. Iglesias y su grupo.

Precisamente por ello hay que enfrentarlos siempre y no tolerarles estas actitudes o irán a más. Se hace imprescindible desde las instituciones, desde otras fuerzas políticas, desde la justicia y desde los medios de comunicación que se responda con contundencia, con el peso de la ley, y que se excluya y sancione a quienes desde dentro del sistema quieren acabar con él, lacerándolo siempre que les parece oportuno, o utilizándolo para conseguir ese objetivo, pues quienes además delinquen con esas acciones son ellos.

Según el Diccionario de la Lengua «delincuente» es aquél que comete un delito. Y «delito» es una acción u omisión voluntaria o imprudente penada por la ley. Delito es rodear el Congreso cuando está reunido vulnerando la ley. Delito es adoptar acuerdos en un Pleno municipal contra la ley a sabiendas y alardear de ello. Delito es negarse a acatar las decisiones de los Tribunales de Justicia cuando les son contrarias o no son de su gusto. Y son estas las actitudes a las que los miembros de Podemos nos tienen cada día más acostumbrados.

Si se quiere evitar la chabacanería y el ambiente irrespirable que haga imposible el debate constructivo sobre los problemas que afectan a los españoles y preservar la dignidad del Parlamento y su función constitucional, hay que cortarlas de raíz como muy bien hizo la Presidenta del Congreso. Y más aún, al inicio de una legislatura en la que los de la «piel fina» han anunciado que volverán a la calle si no pueden mandar en las instituciones.