El intérprete

Viendo a Artur Mas y su séquito de independentistas, que van desde la alta burguesía a la alpargata de amenazar a comparecientes en el Parlament, me vino a la cabeza la imagen del presunto intérprete del lenguaje de signos en el homenaje a Mandela. Como le ocurre a él, según su propia e increíble confesión, hace tiempo que Mas escucha voces y se le aparecen no sé si ángeles o demonios que le han llevado a decir cosas absurdas e incomprensibles que nada tienen que ver con la realidad y, mucho menos, con la verdad histórica. Al igual que Thamsanqa Jantjie, el señor presidente de la Generalitat de Cataluña padece una suerte de esquizofrenia que le ha llevado a colocar a la sociedad catalana ante un dilema imposible y una frustración segura. Pero mientras lo ocurrido en el estadio Soccer City de Johannesburgo no pasa de ser una anécdota más o menos jocosa, la impostura de Mas supone el reto más grave al que se enfrenta España desde los años oscuros de la Guerra Civil. La pregunta trampa que conocimos la pasada semana para un referéndum ilegal es el paso definitivo que tiene que hacer reaccionar al Gobierno y al primer partido de la oposición. Rajoy, pero también Pérez Rubalcaba, tienen la responsabilidad de frenar esta locura y dar una salida a las aspiraciones de la Cataluña sensata, la que hoy no parece estar representada por sus dirigentes políticos, que han abierto la caja de los truenos y están sembrando un odio hacia todo lo español al que hay que poner coto con urgencia, antes de que la metástasis del cáncer inoculado por Mas y sus mariachis provoque una fractura insalvable, si es que no se ha producido ya. Es la hora de la grandeza política y populares y socialistas tienen que olvidar sus intereses partidistas para encontrar una solución razonable que evite que este país entre en barrena.