Historia

El topo

La Razón
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Su silueta se recorta contra el umbral. Camina mirando a uno y otro lado como si lo persiguieran. Se sienta frente a mí. «Tengo el nombre del topo», me susurra. «¿Cómo?», casi grito. «El agente ruso de dentro del Gobierno», me dice tajante. «¿Quéééé?», casi grito. «Rajoy tiene un espía en el Ejecutivo», afirma con aplomo. «¡Por Dios!», intento protestar. «Escucha y luego me dices», me corta. Asiento. «Cuando los golpistas se chuleaban a diario en Cataluña, el Gobierno seguía pasándoles dinero, ¿verdad?», me pregunta clavándome la mirada. «Pues sí...», reconozco. «No sólo se les seguía entregando centenares de millones de euros sino que el Gobierno sedicioso de Cataluña recibía más que ninguna CCAA, ¿cierto?». «Sí», concedo. «E incluso fue la CCAA que se llevó la parte del león del FLA, ¿verdad?», me dice. «Bueno, sí...», acepto. «No sólo eso», sigue envalentonado, «a los funcionarios de ese gobierno rebelde se les adelantó incluso la paga a diferencia del resto de empleados públicos. ¿Es o no verdad?», escupe. «Creo recordar que así fue», digo mientras me echo hacia atrás abrumado por la lluvia de preguntas. «Y también recordarás que, a pesar de estar en vigor el artículo 155, nadie, absolutamente nadie de los que apoyaron el golpe ha dejado de percibir dinero público, un dinero que sale de los haberes de los españoles», machaca. Me encojo de hombros reconociéndome vencido. «No acaba ahí todo», continúa mientras me apunta con el índice derecho, «además el PNV terció en la crisis apoyando a los nacionalistas catalanes y el Gobierno acaba de aprobar un nuevo cupo vasco que significa que las Vascongadas todavía pagarán menos, pero recibirán más del resto de España. ¿Me equivoco?». Sólo acierto a respirar hondo. «Bien, observo que vas viendo la luz», me dice, «¿y quién es el hombre que ha estado entregando dinero a los rebeldes de Cataluña y a sus aliados mientras se lo saca de los bolsillos al resto de los españoles? ¿Quién ha mantenido la sedición con los fondos expoliados a los contribuyentes?» Apenas acierto a tragar saliva. Da igual porque mi interlocutor se lo dice todo. «El topo ruso», mastica las palabras, «y ese topo se llama Montoro». «Ay, señor...», apenas consigo medio musitar. «Nombre clave: Nosferatu», remacha. Me levanto de la mesa. Sólo un cretino puede creerse que la crisis catalana se debe a la acción de agentes rusos.