Gramática parda

La Razón
La RazónLa Razón

Pues miren por dónde, ahora resulta que todo fue un error de redacción; un desafortunado baile de adjetivos y entrecomillados en un escrito redactado por unos señores que, entre otras cosas, se supone que han aprobado unas oposiciones a pesar de sus dificultades a la hora de expresarse, y que han tardado en rectificar el tiempo suficiente como hacérselas pasar canutas a todo un secretario de Estado que, dicho sea de paso, tampoco es Azaña en cuanto a su calidad oratoria.

Dice el fiscal general del Estado que en cuanto se conoció el ya famoso escrito, los autores del texto le llamaron «entristecidos» para explicarle que se trataba de un error de «interpretación». La explicación es fabulosa, porque lo que vienen a decir estas lumbreras es que, además de ser tontos por no ser capaces de «interpretar» lo que ellos no saben redactar, cualquiera que tenga la poca fortuna de caer en sus manos está expuesto a ser fusilado al amanecer por culpa de una preposición inadecuada.

Cuenta la leyenda que hubo un monarca que cuando se suponía que iba a indultar a un preso, lo condenó a cadena perpetua por culpa de una coma mal colocada: donde debía poner: «Perdón, imposible que el reo cumpla la condena» escribió «Perdón imposible, que el reo cumpla la condena». Lo que no cuenta la leyenda, seguramente falsa, es si la confusión fue del Rey o de quienes interpretan como un error lo que pudo ser intencionado.

En este asunto de los fiscales y del secretario de Estado ocurre lo mismo: siempre nos quedará la duda de saber si los «entristecidos» fiscales han montado este follón porque se han equivocado a la hora de redactar, o si lo escrito estuvo hecho adrede para seguir alimentando la granizada que le está cayendo encima al Partido Popular a cuenta del caso Lezo. Y, sinceramente, no sé cuál de las dos hipótesis es más preocupante.