Podemos

Irene, los «machos» y los «chulos»

La Razón
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Es ahora cuando a Irene Montero se le pone a sus muy envidiables veintinueve años y siete días de edad el contador del crédito a cero en su carrera política. Ser portavoz parlamentaria del tercer partido del país y con aspiraciones de alternativa supone todo un salto en el aire y sin red poniendo fin a pasadas indulgencias para una joven activista que tan solo en cinco años ha tenido el mérito de pasar de cajera en una cadena de electrodomésticos a número dos de Podemos y voz cantante en el Congreso de los Diputados desde la semana que hoy comienza. Para ser sincero, apuntaré que no conozco a ningún periodista entre quienes se mueven en el ámbito parlamentario al que haya escuchado palabras especialmente críticas contra Irene Montero. Como jefa de gabinete de Pablo Iglesias ha tenido hasta hoy una cómoda capacidad de actuación desde el escaño que ocupa junto al líder de Podemos, limitada, «tuits» aparte, a muy puntuales declaraciones de pasillos de las que, eso sí, no dejan indiferentes y a algún «teatrillo» de comunicación no verbal centrando la atención de su bancada en plenos especialmente calientes.

Pero, a partir de ahora, ya no bastará con ejercer, a lo «juego de tronos», el papel de «mano del rey» o del jefe Iglesias al que ha estado entregada con toda pasión y a costa de «los» y «las» errejonistas. El crédito real de Irene se va a medir por la lupa inmisericorde de Prensa, adversarios políticos y hasta de «fuego amigo» en cada comparecencia tras la junta de portavoces y en cada pleno. Todo lo que se acerque a preparar intervenciones con luz y taquígrafos como si fueran «tuits» o «canutazos» de pasillos será sinónimo de estrellarse. Se suman también algunos focos que hasta ahora han permanecido apagados, pero que de manera inevitable se van a activar. Iglesias y Montero mantienen una relación de «pareja» circunscrita acertadamente al terreno más estricto de lo privado y personal, elemento que inevitablemente va a evolucionar en el ámbito mediático hacia una mayor exposición, quieran o no quieran y con mayor o menor justicia, según se incremente el protagonismo del tándem al frente del partido el uno y del grupo parlamentario la otra. Llega Irene además como una auténtica bocanada de savia nueva a una Carrera de San Jerónimo donde la Portavocía a la izquierda del PSOE siempre ha estado identificada con perfiles, llamémosles más «vetustos», y eso siempre puede ser de agradecer. Pero el «miura» que le espera no se lidia precisamente con facilonas cambiadas como refugiarse en un feminismo de carril que recurre a acrónimos como «macho» y «chulo» –«machirulo»– para salir al paso del adversario político, una inclinación de la flamante portavoz curiosamente mas recurrente de lo que cabía esperar. Sin ir más lejos, en una reciente entrevista, acababa por justificar su obsesión citando a Tania Sánchez repetidas veces con un «lo digo por feminizar corrientes». ¡Acabáramos! Pues eso, Irene, ahora te toca el papel de «prima donna», sí, pero con todas las consecuencias.