"La traición de Errejón"

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No solo no me ha sorprendido, sino que siempre tuve muy claro que Íñigo Errejón traicionaría a Pablo Iglesias cuando tuviera una oportunidad. No es una historia de buenos y malos, como sucede con las malas películas de serie B, sino simplemente algo consustancial a la ambición política. Íñigo quería ser califa en lugar del califa y cuenta, además, con una “corte” dispuesta a aplaudir sus méritos e ignorar sus defectos. Los damnificados por el pablismo eran legión. Estaban dispuestos a acabar con el poder del líder y han encontrado una oportunidad. La consecuencia es una crisis en Podemos de consecuencias imprevisibles, pero que, sin lugar a dudas, destroza de forma irreversible el proyecto que surgió al amparo del 15-M.

La decisión de Errejón de pasar de Pablo Iglesias y Podemos aliándose con Manuela Carmena, que detesta al líder de la formación morada, ha causado una enorme alegría en La Moncloa cuyo inquilino también le detesta. Nunca ha existido sintonía y desde luego Pedro Sánchez ni olvida ni perdona. Y es muy mal enemigo. ¿Cómo iba a olvidar que no pudo ser presidente porque no contó con el apoyo de Pablo? Otra cuestión es que haya esperado tranquilo, haciendo de tripas corazón, la oportunidad para recuperar los votos perdidos y ahora le ha llegado de forma inesperada, aunque quizá no tanto. En Moncloa hay muy buena información. Por otra parte, los medios de comunicación y los dirigentes socialistas siempre han alabado los méritos de Errejón, la cara amable del régimen podemita, por su moderación y mostrándole el camino hacia la “casa común” de la izquierda que, para ellos, no es otra que un PSOE que siempre ha querido ser un PRI moderno.

A Sánchez le gusta mucho Manuela Carmena, tanto que sería su candidata ideal para la alcaldía de Madrid. No le desagrada Errejón y más ahora que le ha resultado muy útil destruyendo Podemos. No hay nada más letal para una formación política que la división interna, porque desconcierta y disgusta a los votantes. Podemos siempre ha sido una amalgama compleja tanto por los personalismos como por las contradicciones ideológicas entre sus extremos. Es curioso que acabe siendo destruida por sus fundadores. Lo sucedido con Carolina Bescansa fue un golpe, pero la acción de Errejón es demoledor porque cuenta con numerosos seguidores aunque los pablistas crean que todavía son mayoritarios.

Desde que los dos principales fundadores de la organización se distanciaron se produjo una división que nunca ha estado resuelta y muchos tuvieron que elegir entre ambos. Lo que parecía una maquinaria política eficaz y capaz de crear una sólida alternativa al PSOE se fue diluyendo poco a poco. Nunca entendí que Iglesias fuera tan generoso con un amigo que se había convertido en un enemigo, aunque no quería verlo. Es posible que se viera cegado por la amistad y el absurdo deseo de recuperar la confianza de cuando eran sólo dos compañeros de universidad. Estoy convencido de que su entorno lo tenía mucho más claro. Al final cometió el error de ofrecerle encabezar la candidatura de las autonómicas en la comunidad de Madrid. Y esa generosidad con quien le había mostrado varias veces su rencor se ha convertido, finalmente, en su mayor equivocación política. Una vez más se equivoca al pensar que “Íñigo no es Manuela”, porque la alcaldesa le ha dado numerosas señales de que no acepta su liderazgo.

La renuncia de Errejón a la marca de Podemos es un golpe demoledor. La ambición destruyó hace mucho tiempo lo que había sido una sólida amistad, aunque quizás no lo era tanto, y ahora son rivales irreconciliables y enemigos que no se darán cuartel. Es un mensaje, además, a los aliados de Podemos y ahora comprobará Iglesias que la campaña soterrada que había emprendido su viejo amigo y sus aliados contra él, Irene y su equipo, las acusaciones de nepotismo, las críticas a la casa o las bromas llamándoles el matrimonio Ceacescu no venían de la “derecha mediática” sino del interior de su formación.