Política

La verdad innegable

Sí. La verdad puede ser muy dura, muy incómoda, políticamente incorrecta, subversiva, comprometedora. Pero es innegable. Y ahí está la jueza Alaya. No condenando ni prejuzgando ni cazando, sino instruyendo, indagando, profundizando. Simplemente. Le duela a quien le duela. Escame a quien escame.

Y es innegable que los camaradas Chaves y Griñán tienen alguna cosa que aclarar. Por ejemplo, por qué idearon la creación de unas partidas para el reparto generoso de fondos públicos que han terminado siendo la madre del cordero de la corrupción andaluza. Por ejemplo, por qué no se establecieron los mecanismos de control adecuados, eficaces, infranqueables para evitar el desvío de millones de euros a través de las vías más extravagantes y pornográficas que uno pueda imaginar. Por ejemplo, por qué el riego de esos capítulos presupuestarios se hacía por inundación y los regados eran habitualmente amigos del partido y toda suerte de arrimados a la causa del puño y la rosa o de la hoz y el martillo. Por ejemplo, por qué los desfases en la contabilidad de estas ayudas y subvenciones fueron desatendidos, omitidos.

¿Tan duro resulta para los socialistas y las elites sindicales entender que probablemente los jefes de la cosa en la Junta durante dos décadas algo deberían de saber de estos chanchullos galácticos? ¿Damos por hecho que estaban completamente desinformados? ¿Eran el uno y el otro dos almas cándidas a los que se la colaron cuatro golfos, o cuarenta? Nadie puede sostener hoy ni lo primero ni lo segundo. Pero estos dos señores, si se visten por los pies, tienen que acudir a los tribunales. Primero, a pedir perdón. Segundo, a socorrer al aparato del Estado para procesar y condenar a sus subordinados chorizos. Tercero, y si procede, a soportar cómo el peso de la Ley cae sobre ellos. Y punto. ¿Estamos?