Enrique Miguel Rodríguez

Pericos verbeneros

La Razón
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Aunque el ojeo a las revistas de la semana lo dejaremos para su día habitual, el domingo, he querido entresacar hoy un reportaje de «Lecturas» sobre un personaje guadiana. Son esos que aparecen de vez en cuando, pero siempre en aguas pantanosas, poco claras, viscosas. Me refiero a María de Mora, según ella, de profesión relaciones públicas. A través de los años nunca ha negado que tiene una agencia que organiza eventos públicos o más privados, donde mujeres estupendas de cierta fama cenan o acompañan a ciertos actos a hombres de fuertes recursos económicos. Siempre deja claro que en esos trabajos nunca van incluidas relaciones sexuales, que si se producen son ajenas a su oficina. Se trataría de un acto privado y consentido entre adultos. Esta coletilla es como cuando en una película aparece aquello de «tanto la historia como los personajes que aparecen son totalmente inventados, siendo casual cualquier parecido con personas o situaciones reales» que todo el mundo que está en la sala conoce perfectamente a los protagonistas, aunque aparezcan con otro nombre. En el caso que nos ocupa, la aclaración bordea un delito de prostitución. Pero, claro, siempre resulta poco creíble que un señor de posibles y con experiencia pague una alta suma de dinero por cenar simplemente con un «pibón». Cierto es que puede suceder que sólo se pretenda compañia ajena al sexo. Recuerdo una gran fiesta que conmemoraba el centenario de una gran marca de vinos. Un personaje que había tenido una cierta influencia en la ciudad donde se celebraba la fiesta, pero que estaba mal visto en la misma, consiguió ser invitado y se presentó con dos modelos –para acceder a las pasarelas del acompañamiento viene muy bien presentarse como modelo o actriz aunque su currículum sea nulo– que gozaban de cierta fama por sus apariciones en revistas, por sus noviazgos o desnudos. Las dos espectaculares, con trajes de noche que tapaban muy poco. El empresario consiguió lo que quería: ser el centro de atención y del cotilleo, aunque el costo fuese altísimo. Estas dos modelos han terminado emparejadas muy bien. Una de ellas en primeros planos sociales en plan de gran señora. Pero, al final, no dejan de ser «pericos verbeneros».