Sánchez y «Sleepy Hollow»

La Razón
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Es más que probable que tengamos que ir haciéndonos a la idea de que tanto Albert Rivera líder, fundador y esencia de Ciudadanos, como Pedro Sánchez, primer secretario del partido socialista, están más interesados en echar a Rajoy de La Moncloa aunque sea con agua caliente, que en atender el clamor universal, no precisamente de Rajoy, sino de la inmensa mayoría del país, por tener un gobierno. Llegados a este punto y enfilando el Rey una ronda de contactos que concluye mañana con el aún presidente en funciones, el cicateo de Rivera por brindar un «sí» es solo proporcional a las cuentas de la lechera de algunos despachos de Ferraz, donde el empeño por tejer un tapiz de supervivencia cortoplacista de partido está acabando con toda una trayectoria de centralidad progresista y sentido de Estado que hizo del PSOE en la actual etapa democrática la formación con más años de gobierno.

Algunas actitudes empiezan a tener explicación en la aparición de traumas propios de diván político. Es cierto que el PSOE de Pedro Sánchez conseguía hace un mes y un día dar esquinazo a uno de los peores fantasmas de su dilatada historia, el de una fuerza política con el suficiente atractivo como para ser capaz de arrebatarle la hegemonía de la izquierda y, en consecuencia, la capacidad para ser alternativa real de gobierno. Podemos se mostró ante el PSOE como ese terrorífico espectro del relato de Washington Irving «Sleepy Hollow», que, con la cabeza cortada y montado sobre un desbocado e imparable corcel, perseguía de noche entre tenebrosas sendas boscosas al protagonista de la historia, helado e incapaz de afrontar el camino que tenía por delante ante el bloqueo y el pavor que le producía el fantasma perseguidor.

Pedro Sánchez y parte de su guardia pretoriana de la dirección federal socialista están actuando como en el cuento de Irving, más pendientes de consolidar su posición ante Podemos –un perseguidor que dejó el «sorpasso» para mejor ocasión y que va camino de acabar en ectoplasma– que de mirar al frente y divisar los retos y tareas que demanda el país. Da la sensación de que en Ferraz 70 las cuentas a propósito de cuánto se ampliaría la distancia con la formación de Pablo Iglesias ante unas eventuales terceras elecciones pesan mucho más que esas otras que muestran un aumento del PIB o una disminución del mismo en función de que pueda formarse o no un gobierno estable, o que claman por un acuerdo por el techo de gasto y nuevos presupuestos, ya saben, esas «cosas de comer» que más que a nadie preocupan a Susana Díaz, Fernández Vara, García Page, Lamban o Javier Fernández.

El escalofrío va en aumento porque hoy seguimos contemplando cosas impensables desde la propia noche electoral del 26-J. Contemplamos el mismo bloqueo táctico post 20-D, solo que con el arroz más pasado... y todavía hay que escuchar a algún diputado socialista lo de «Pedro lo que quiere es ver perder a Rajoy el debate de investidura y luego ya se verá». Por Dios, que sea broma.