Sardinas de monte

Las negociaciones de este fin de semana para sacar adelante una declaración soberanista que no esté respaldada sólo por CiU y ERC ilustran bien el laberinto en el que se convertido la política catalana. CiU y ERC necesitan sumar a más grupos parlamentarios para que su declaración inicial tenga algún viso de veracidad. En el primer texto se venía a decir que en las últimas elecciones autonómicas la inmensa mayoría del pueblo catalán había votado a favor de la independencia y, que por eso, un nuevo sujeto político estaba legitimado para proclamar la autodeterminación. Todo el razonamiento se derrumba sino es el pueblo catalán el que reclama el proceso de secesión sino sólo los dos grupos parlamentarios, aunque sean lo más votados.

CiU y Esquerra necesitan sumar al menos a PSC a ICV y a CUP para que la ficción secesionista tenga algo de coherencia. Pero como se ha visto en los últimos días, es casi imposible. El PSC parece empeñado en defender, como en la canción infantil, que «por el mar corren las liebres y por el monte las sardinas». Si tiene pelo es de tierra, si escamas de agua. Pues no. Pere Navarro reclama una declaración en la que el derecho a decidir no implique la independencia, y que además sea legal. El derecho a decidir sólo tiene sentido si permite optar por la separación y no cabe en la Constitución. Lo demás es contar mentiras. ICV no está dispuesta a pasar por el «apaño» que promueven los socialistas. Y CUP pide que la declaración incluya al resto de países catalanes, la desobediencia institucional y dos huevos duros, que diría Marx, Groucho.

A lo mejor es que no hay monte, ni sardinas, ni liebre, ni pueblo soberano, ni sujeto autodeterminante.