Sin filtro

La Razón
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Por si el panorama no estuviera suficientemente liado, a Pablo se le ha ocurrido anunciar una moción de censura al modo en que los alcaldes solían anunciar los fuegos artificiales: con un bando y cornetín. Le ha faltado convocar a la oposición al gobierno al grito de a mí la legión. La bombilla se le ha debido iluminar entre parada y parada del Tramabús que, dicho sea de paso y al ritmo que llevamos, debe de estar a punto de ser multado por exceso de pasaje. Dicho y hecho: ahí que se ha lanzado el hombre sin filtro, del que ya no sabemos si es que le puede el mono de cámara o si es que realmente está por echarle una manita a Pedro aprovechando que los de Rajoy no dan abasto achicando tramas. Personalmente, y teniendo en cuenta que Iglesias es muy dado a la sinergia, me inclino por ambas hipótesis. Es verdad que para lanzarse al ruedo, pregonando primero y convocando para un tanteo inútil después, hay que carecer de la mínima dosis de pundonor parlamentario, pero tratándose de él ese problema no existe. Los únicos que le han seguido el juego son los independentistas catalanes que, con tal de que alguien se comprometa a apuntalarles el referéndum, son capaces de cruzar la M-30 haciendo la croqueta.

Si lo que quiere Pablo es que alguien le tome en serio, lo mejor que puede hacer es aprovechar el puente para estudiarse a fondo «La moción de censura» de Manuel Sánchez de Dios, que además es colega de facultad. Si por el contrario lo que pretendía era chupar foco, robarle el titular a los datos de la EPA, obligar a un PSOE en busca de líder a darle con la puerta en las narices y a Ciudadanos a demostrar que son un partido bastante más serio que el suyo, habrá que darle la enhorabuena porque lo ha conseguido con creces.