Política

Una Policía sin política y «amigos» del PSOE

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España cuenta con una de las mejores Policías del mundo. No es una opinión personal sino una realidad objetiva y, sobre todo, reconocida internacionalmente. Es verdad que las series estadounidenses consiguen nuestra atención y parece que resuelven los delitos en los cuarenta y cinco minutos que dura un capítulo. Incluso los crímenes sin resolver pasan unos años y en otra serie llegan otros policías que encuentran la pista definitiva. No hay que confundir un producto de entretenimiento muy bien elaborado con una realidad en la que nuestros policías actúan con una profesionalidad y eficacia encomiable. He tenido la oportunidad a lo largo de mi carrera de conocer muchos y de rangos muy diferentes. En el terreno personal y profesional el trato ha sido excelente. Les he visto trabajar y realmente no tienen nada que envidiar a otras Policías. Otra cosa son los medios multimillonarios que aparecen en las series y que no se corresponden, por cierto, con la realidad. He de reconocer que siempre las miro con tanto interés como escepticismo. A mi padre le sorprendía que fuera tan fácil encontrar sitio donde aparcar el coche en las películas americanas. Era especialmente llamativo en Nueva York.

El PSOE tiene un concepto de la política que pasa por el asalto al poder y las instituciones. Han sido siempre muy pródigos a la hora de otorgar ascensos y reconocimientos para atraer a sus filas a funcionarios que les pudieran ser útiles. Fueron capaces de tejer un entramado que perduró con el paso del tiempo. Del felipismo al zapaterismo se mantuvo esa cohesión en una minoría funcionarial que se sentía atraída, ya fuera por ideología o por prebendas. Los policías, al igual que los militares, tienen que ser muy escrupulosos en su relación con el poder político así como leales a sus mandos y al Gobierno. No están para hacer política. No me refiero, por supuesto, a una lealtad política que sería impropia e inaceptable sino a cumplir con su deber y obligaciones así como a no favorecer a un partido con informaciones sensibles o filtraciones interesadas.

La Policía tiene que mostrar una neutralidad exquisita en todo momento. No es bueno, como ha sucedido durante los gobiernos socialistas, que se ofrezca una imagen de «control» inquietante. Es inaceptable que mandos policiales se reúnan en un bar con un portavoz del PSOE. Un comportamiento de estas características sólo puede provocar interpretaciones que ponen en cuestión la equidistancia que tendrían que ejercer en todo momento. No me gusta escribir esta columna, porque tengo una profunda admiración y respeto por la Policía. La he tenido siempre y quiero tener la certeza de que esos policías no estaban haciendo política o favoreciendo al PSOE. No quiero «amigos» de los partidos.

Francisco Marhuenda es catedrático de Derecho Público e Historia de las Instituciones (UNIE).