El trípode

Degradación política máxima

Miles de ciudadanos que creyeron votar al PSC como a un partido catalán y español comprueban que sus votos son utilizados ahora para que los partidos separatistas tengan altavoces en el Congreso y recursos económicos para seguir conspirando contra España.

La Sagrada Escritura afirma que «no hay nada oculto que no acabe conociéndose», y la experiencia lo confirma antes o después. Así, se van haciendo transparentes los pactos tenebrosos realizados en las «tinieblas» de Waterloo y de Ginebra por una parte, y con los «encapuchados» de Otegi por otra. Algunos fueron conocidos muy pronto, como el de cederles diputados socialistas catalanes, votados en las provincias de Barcelona, Lleida y Girona para que ERC y Junts tengan ahora grupo parlamentario; algo que, por cierto, no les habían concedido los electores el 23-J. Así, miles de ciudadanos que creyeron votar al PSC como a un partido catalán y español comprueban que sus votos son utilizados ahora para que los partidos separatistas tengan altavoces en el Congreso y recursos económicos para seguir conspirando contra España.

Por la otra parte, también van conociéndose los pactos con Bildu tras prometer cuantas veces fuera preciso «que no iban a hablar ni a pactar nada con ellos». Ahora se hace visible la contraparte en Pamplona tras pactar el Gobierno foral con Bildu haciéndolo público después del 23-J para que no fuera conocido antes de las votaciones por los electores de toda España y siguiera su candidata Chivite.

Eso sucede mientras Puigdemont y sus seguidores ya se frotan las manos esperando la amnistía de sus delitos redactada a la carta por ellos mismos, facilitada al debatirse por el procedimiento de urgencia y evitando que los órganos constitucionales habilitados para esa función puedan cumplir con el examen jurídico legal, tan singularmente necesario en este caso.

Durante el debate de la amnistía Sánchez y su Gobierno estuvieron ausentes del banco azul, sin duda para evitar la vergüenza de oír sus reiteradas afirmaciones de oposición a lo que ahora aplauden y votan sin rubor alguno. Ayer, en la primera sesión de control que la sra. Armengol accedió a convocar tras siete meses, el prolífico Óscar Puente, exalcalde pucelano derrotado el 28-M, suplente de Sánchez en la investidura fallida de Feijóo y ministro de Transportes en las horas libres que le permiten las redes sociales, proclamó su felicidad porque «un partido progresista y democrático como Bildu, acceda a la alcaldía de una capital de provincia». Así que ya sabemos que para el infame PSOE sanchista, los Otegi y cia., avalistas políticos de los responsables de los asesinatos de más de 850 compatriotas por los que nunca han pedido perdón, son «progresistas demócratas».

La degradación institucional que se produce no tiene límites. Y ahora los de Puigdemont y Otegui pretenden que sean los jueces y fiscales los que vayan al banquillo.