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La reconquista empieza por Madrid

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Tiempo de lectura 4 min.

27 de mayo de 2019. 02:55h

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27/5/2019

El objetivo que se marcó Pedro Sánchez cuando ganó la moción de censura se ha cumplido. Pero sólo en parte. Primero llegar como fuese al Gobierno construyendo una alianza más allá de lo constitucionalmente aceptable; segundo, ganar las elecciones generales del pasado 28 de abril y, un mes después, consolidar su poder territorial cobrándose la plaza de Madrid. Pero no ha sido posible. Ha utilizado la palanca que le dio el atril de La Moncloa, lo ha hecho sin contemplaciones y con el uso indiscriminado del decreto ley, tal y como estaba previsto, y le hubiera bastado con la crisis en la que ha entrado el Partido Popular tras la etapa de Mariano Rajoy, para conseguir el poder que, durante décadas, habían conservado los populares. Pero no ha sido posible. El PSOE sabe que hay un ciclo de izquierdas a su favor, pero los resultados de ayer arrojan algunas lecciones que no se pueden olvidar, sobre todo, en lo que tiene que ver con sus alianzas con el populista Pablo Iglesias, que ha resultado ser un mal negocio. El objetivo que se marcó Sánchez de conseguir la ciudad de Madrid no ha cuajado, por dos razones: él y su candidato no han sumado los votos necesarios, incluso ha bajado los resultados de su antecesor –que ya es decir–, y la alcaldesa tampoco ha rentabilizado cuatro años de gestión y su coalición oportunista con Íñigo Errejón. Pero esa es otra guerra que resolverán a su manera en la intimidad de Podemos.

La primera responsabilidad ha sido de Sánchez, por no apostar por un candidato de peso político y fiarlo todo a Carmena. Demasiada confianza, demasiadas consignas fáciles, demasiado estigmatizar al centroderecha como fuerzas antidemocráticas y, en definitiva, desarrollar una política que no ha calado en el conjunto de la ciudadanía: Madrid Central se ha aplicado con una radicalidad que no ha ido en beneficio de los madrileños que lo sufren día a día. Y hay un factor que debemos destacar: la excelente campaña realizada por José Luis Martínez-Almeida, su buen trabajo, conocimiento de los problemas de la ciudad y humildad política. De la misma manera, los socialistas no han sabido sumar para hacerse con la Comunidad de Madrid. Ángel Gabilondo no será el presidente y se abre un futuro incierto en una formación que no ha sabido capitalizar el éxito de Sánchez. Las dos comunidades que han conservado, Castilla-La Mancha y Extremadura, lo han hecho dirigentes que no son precisamente afines al líder socialista.

Baño de humildad para Sánchez, sobre todo con vistas a la formación del Gobierno. Es posible que Iglesias no sea ministro. Precisamente, ha sido Unidas Podemos la formación que más severamente ha sido castigada, en la pérdida de alcaldías de las llamadas del «cambio» y que él vendía como propias –Madrid, Barcelona o Zaragoza– y su estrategia radical y arcaica que ha acabado con una organización dividida. Pablo Casado apostó por Martínez-Almeida para el Ayuntamiento de Madrid e Isabel Díaz Ayuso para la Comunidad y ha salido bien, lo que le da margen para emprender su reforma en el PP y reconducir una estrategia ganadora y centrada para los populares. Ahora se abre un largo proceso de negociación en el que queda la incógnita del papel que debe jugar Albert Rivera, que sigue sin cumplir su objetivo de superar al PP, cuando ha llegado el momento de que Sánchez le pida su apoyo para conservar algunas plazas. Por último, hay un resultado especialmente significativo: la suma de UPN, PP y Cs ha conseguido Navarra, hasta ahora en manos de los euskaldunes de Geroa Bai. Los resultados de ayer deben llevar a Sánchez a meditar su política de alianzas.

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