Opinión

Objetivos cumplidos

La Razón
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Los Reyes cerraron ayer en París su gira protocolaria a nuestros países vecinos, Portugal, Marruecos y Francia, con los que nos unen lazos políticos y culturales que trascienden a la mera condición de vecindad. El hecho de que en la recepción de honor del palacio del Elíseo estuvieran presentes un primer ministro de Francia, como Manuel Valls, o una alcaldesa de París, como Anne Hidalgo, que hacen gala con orgullo de sus orígenes españoles, demuestra hasta qué punto se han enlazado los destinos de ambos pueblos, una vez relegadas a las páginas de los libros de historia las antiguas reyertas de dos viejas naciones que una vez se disputaron la primacía de Europa. Así, Don Felipe quiso destacar ante su anfitrión, el presidente François Hollande, el momento extraordinario de las relaciones franco-españolas, no sólo por la imbricación de sus economías, sino por el hecho de que comparten intereses estratégicos fundamentales, tanto en el ámbito de la UE como fuera de las fronteras comunitarias. Hoy, España y Francia se respaldan incondicionalmente en la lucha contra el terrorismo, con independencia de su etiología y gracias a la gestión de ministros como Jorge Fernández Díaz, mantienen una visión común de la construcción europea y la fluidez de las relaciones llega, incluso, a niveles ministeriales, con frecuentes consejos de ministros conjuntos, que suponen una excepción en la política exterior de ambos países. Fruto de todo ello, como también destacó el Rey, es la intensa actividad económica bilateral, que supone un volumen de 60.000 millones de euros anuales, con una balanza comercial favorable a España de 11.000 millones. Y, sin embargo, todavía quedan algunos flecos importantes para rematar con éxito el proceso de integración que reclaman la lógica histórica y la pura conveniencia de ambos pueblos. No obvió Don Felipe VI el espinoso asunto de las interconexiones viarias en la zona central de los Pirineos, a las que Francia nunca ha querido otorgar la prioridad que reclama España, sin duda resabio de las arraigadas políticas proteccionistas de la República francesa, que en estos momentos de grave crisis económica y crecimiento de los movimientos populistas antieuropeos no terminan de perderse en el horizonte. Es de desear que el viaje real, al que sucederá la visita oficial del primer ministro francés, Manuel Valls, a España, que hoy comienza y en la que se reunirá con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, sirva para desbloquear los problemas de interconexión, por un lado, y, por otro, acelerar los proyectos referidos al transporte energético hacia el centro de Europa, en especial el del gas procedente del norte de África, de interés común ante la actual dependencia del gas ruso de que adolece la UE. Con ello, se haría cierta, por fin, la clásica decimonónica de «ya no hay Pirineos».