A pesar del...

Follett y Notre Dame

Ken Follett tiene una visión atenta de la más importante noción liberal: la contención del poder

Cuando se celebró la reapertura de la catedral de Notre Dame, el escritor británico Ken Follett fue uno de los invitados. Era lógico. No solo se convirtió a partir de Los pilares de la tierra en el novelista de las catedrales, sino que además apoyó la reconstrucción del templo al donar los derechos de autor del libro que escribió sobre Notre Dame después del catastrófico incendio de 2019.

Como los escritores e intelectuales no están al margen de la envidia, sino más bien al contrario, Follett no es muy popular en el mundo de la cultura, aunque sospecho que no le debe inquietar demasiado. Tengo una mayor certeza en que es una persona que se documenta bien al escribir, y lo comprobé cuando analicé los aspectos económicos de A dangerous fortune hace diez años –«La banca y las crisis financieras en la literatura popular: “Una fortuna peligrosa”, de Ken Follett», Estudios de Economía Aplicada, disponible aquí: https://bit.ly/3ZXrko5.

También es habitualmente reconocido que su historia sobre la catedral de Kingsbridge es una combinación de realidad y ficción. En efecto, aunque ni el templo ni la ciudad existieron, el escritor investigó sobre esas magnas construcciones medievales. De ahí que insista con acierto en despejar el mito que equipara esos tiempos con atraso y oscuridad. Al contrario, lo fueron de progreso, y las catedrales lo simbolizan en términos económicos y tecnológicos. Levantar esos imponentes edificios góticos era una empresa arquitectónicamente importante. Declaró a El País: «Lo hacían siempre al azar. Algunas catedrales se cayeron, por supuesto. Beauvais se cayó dos veces, así que cometieron muchos errores, pero la mayoría de las veces acertaron. Es asombroso cuántas veces acertaron».

Para colmo de bienes, Ken Follett tiene una visión atenta de la más importante noción liberal: la contención del poder. Ahí la Iglesia desempeñó un papel crítico que ha sido muchas veces ignorado, a menudo por los propios liberales. «En el periodo medieval había tensiones entre la Iglesia y el rey, en Francia y en Inglaterra. Porque ambos eran muy ricos y muy poderosos. El rey tenía un palacio, pero el obispo tenía una catedral. Además, los únicos que podían limitar el poder del rey eran los religiosos. Nadie más». No es por casualidad que tantos enemigos de la libertad hayan sido asimismo enemigos de la Iglesia.